viernes, 28 de abril de 2017

Tengo unas ganas increíbles de recuperarme, pero me quedan muchos muchos meses para poder acercarme mínimamente a lo que he sido, físicamente hablando. No hablo de apariencia o etc, sino de salud.
No puedo subir más de siete escalones sin ahogarme. Pero ahogarme de verdad. Y sin que después me dé un ataque de ansiedad por darme cuenta de lo que me he hecho.
Realmente, me pongo un obstáculo tras otro.
Si no son rajas, son quemaduras.
Cuando no estoy a punto de quedarme sin ovarios, son mis trompas de Falopio las que jodo. Cuando no, embarazo. Si no, sobredosis. Y si no, neumonía, de ahí a fibrosis + no poder andar + no tener voz + mil mierdas.
Me lo estoy currando muchísimo, ni os lo imagináis, en serio.
Y de vez en cuando me paro a llorar porque ya no reconozco en ningún ningún aspecto a quien soy.
Pero, os lo juro, tengo una fuerza tan enorme y tan tan intensa que me sorprendo.
Y una determinación férrea.
Tengo TANTAS TANTAS TANTAS ganas de vivir que doy la mano a la muerte y estoy permanentemente a puntito de irme de viaje con ella, pero siempre me quedo.
Me quedan tantas cosas que hacer, crear, respirar y gritar que no puedo permitirme unas vacaciones.
Quizá necesitaba esto para poder guardarme el orgullo este tan inmenso en el bolsillo y agradecer sinceramente a mi familia (la de sangre y la emocional) todo el amor que me ayudó a despertar del coma y todo el que hace que aborrezca la mera idea de volver a él. Y adiós a las apariencias, a los recuerdos que atan y a las amistades por inercia.