lunes, 1 de agosto de 2011

Indecencia, timidez.

Mirando fotos antiguas,
de repente, me viene un olor a quemado,
a brasas, pero más sucio.
Me da un mal presentimiento, miro hacia atrás, hacia
la ventana abierta, a través de la cuál hace un rato
se veía el cielo, azabache, y, se percibía la brisa nocturna.
Ya no es así.
Alguien ha aparecido allí, me observa, fijamente.
Lleva un pasamontañas, aunque, es tan ajustado que se aprecian
sus rasgos. Resalta la madíbula marcada, y, esos ojos,
color azul intenso, que, son capaces de no transmitir absolutamente
ningún sentimiento.
Familiar, esa mirada lo es mucho para mí. En su momento,
me infectó de calidez, de alegría. A su vez,
también de preocupación, de energía, de tristeza,
de información.
Ahora,  nada.
Ha levantado un gran muro a su alrededor, como fórmula de protección.
Me sumo tanto en recuerdos,
que no doy importancia alguna a la peculiaridad,
a la incomodidad, a lo insólito de la situación.
Vuelvo, al segundo presente, actual. Luchemos.

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