Ambos daban muestras de inmadurez, y tenían marcas que así lo confirmaban,
pero, se complementaban. Al uno no le importaban los enfados tontos de ella, por infantilismos,
y, a la otra no le importaban los comentarios propios de la niñez de él.
Casi cualquier otra persona se habría sorprendido de aquel emparejamiento,
de cómo podían aguantarse entre ellos. Pero, porque la gente no observaba.
Sólo veía lo que deseaba ver; lo criticable, lo envidiable, los delitos del resto.
No podían observar lo admirable de aquello, dos individuos habían encontrado a sus semejantes,
encajando el uno con el otro a la perfección, llegando al ''amor''.
Eva García.
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