Obráis en la sombra, disfrutando de las aclamaciones de aquellos invidentes que,
neciamente, se jactan de no serlo.
Colocáis etiquetas de 'libertad' a todo aquel que tiene grilletes,
tan solo después de aseguraros de la firmeza de éstos.
Fingís tener moral y problemas propios de ésta,
para provocar la compasión de quien realmente la merece.
Hasta que llegue el día en el que la multitud despierte,
abra los ojos y, tras reflexionar, tras poner en marcha ese cerebro a estrenar,
alce la voz, e ice los puños, quedando vuestra seguridad y alevosía cercada ante ellos, ante su razón y actitud.
El día en que quitemos la máscara que implantasteis a la justicia,
conociendo así su verdadero rostro, para ser capaces de elevar la vista al cielo,
respirar hondo, y sentir que la libertad al fin llena nuestros pulmones,
invade nuestros poros, y ha pasado a formar parte de cada una de las células de nuestro cuerpo,
desde ese instante hasta el de nuestra muerte.
Eva García.
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