viernes, 6 de septiembre de 2013

Veteranos del dolor.

Llegas a casa, giras la llave, acompañando esto del tintineo de las otras, abres la puerta y no enciendes ninguna luz, por el pánico a encontrar algún espejo, y, divisar así, también, el reflejo de tus miedos, interpretando la melodía de un silencio de los que no le recomiendas a nadie. Te diriges al sofá; no te gusta dormir en una cama porque te recuerda esa soledad que caracteriza tu vida desde hace varios meses. Deseas olvidar, y, para ello, recuerdas constantemente todo, para encontrar un fallo y que todo sea más fácil. Pero no lo hay, cada detalle estaba hecho a medida, como por uno de esos sastres tan mañosos. Increíble. Tus costumbres están matándote. Y, puede que sea eso lo que quieres, desde tu subconsciente. Dejar de acercarte poco a poco, para pasar a ir corriendo hacia el precipicio. Quizás así esto termine. Aunque, sabes que la memoria, y, más que la memoria, la añoranza, te acompañarán hasta tu última fracción de segundo. 'El amor es precioso', te decían. El problema es que esto dejó de ser amor desde el momento en el que le enseñaste tus cicatrices y ellas hablaron por sí mismas. Desde el momento en el que logró volver a abrirlas y ni siquiera le importó. Tan sólo puedes asegurar con certeza que vuestras ruinas nunca dejarán de arder; el tiempo sólo ha conseguido avivar las llamas.

Y hoy, desde mi desmoronado lecho, con la luna y ginebra como únicos acompañantes, me confieso a mí mismo que, realmente, te quería.

Eva García.

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