Es increíble.
No es una de esas personas que suponen un somnífero para tu cerebro, que te anestesian, que dificultan tu pensamiento.
Por el contrario, promueven tu libertad mental, física, emocional.
Aunque haya momentos en los que sea increíblemente difícil sacar al cerebro de esos ojos. Esos ojos en los que te perderías, esas manos con las que contarías, y cuentas, hasta el fin, esos hoyuelos que abarcan una cantidad tal de sentimientos que al salir inundan, quitan toda la basura de en medio, y te hacen encontrar las ganas, otra vez.
Realmente, es indescriptible, inefable, irrechazable.
Porque me invades, me evades.
Me quitas la coraza sin darte cuenta y permites a mis terminaciones nerviosas cobrar vida.
Conviertes mi cara en una sonrisa que no emigra, que no quiere alejarse de la tuya.
Y, no sé cómo decirte, que me miras a los ojos y lo entiendes,
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
lunes, 6 de abril de 2015
viernes, 3 de abril de 2015
Algo va creciendo en ti, deben de ser las ganas. Irradias energía, mientras te conviertes en vendaval.
Un par de sudaderas, la chaqueta, la braga, el chaleco, y... ¡oh! ¡casi olvidas la petaca!
Ahora sí, sales por fin a la calle, y, como cada noche, te detienes a observar la luna; te hipnotiza.
Sientes que se mete dentro de ti y te susurra que tengas cuidado.
Tras su advertencia, tu mente comienza a saborear la cerveza que ocupará tu paladar dentro de diez minutos, así que, echas a correr, mientras te repites a ti misma que 'esta noche todo arderá'.
jueves, 2 de abril de 2015
Rechazo la esperanza, a cualquier hora, en cualquier momento, situación o posición.
O eso creía.
Porque, tras todo ello, mientras sigo encadenada a unos tubos, observo cómo, de forma aleatoria, el aire da forma a pequeños hilos de esperanza que, sin dudarlo dos veces, tratan de introducirse en ti de la manera que haga falta.
Tratan de perforar tus tímpanos, tratan de colonizar tus fosas nasales, de violar tu boca, de darte por culo, de hacerte gemir mientras te rajan en la sombra, de aprovechar cada herida para llegar a tu interior, viajar hasta el punto álgido, tu cerebro, y anidar allí.
Para infectar cada hebra de ti y corroer poco a poco tus fuerzas.
Para dejarte ciego y conseguir que te agarres voluntariamente a ella.
Para que lo hagas como si fuese a ejercer el papel de báculo, cuando en realidad, mientras dormías, ella se ha encargado de partirte las piernas.
Para ofrecerte una sonrisa mientras vomita ácido sobre tus órganos vitales.
Y, con órganos vitales me refiero a tu energía, a tus ganas.
Y, bueno, si tu cuerpo no está en condiciones de romper de un salto las cadenas, ve limándolas mientras te yergues, ¿no?
Por mucho que duela, que desespere, por mucho que te observes anclado a un instante (y a una cama) mientras las personas a tu alrededor avanzan y RESPIRAN.
Porque si te rindes no queda nada más. Ni siquiera quedas tú mismo.
Así que, EH, buenos días.