Rechazo la esperanza, a cualquier hora, en cualquier momento, situación o posición.
O eso creía.
Porque, tras todo ello, mientras sigo encadenada a unos tubos, observo cómo, de forma aleatoria, el aire da forma a pequeños hilos de esperanza que, sin dudarlo dos veces, tratan de introducirse en ti de la manera que haga falta.
Tratan de perforar tus tímpanos, tratan de colonizar tus fosas nasales, de violar tu boca, de darte por culo, de hacerte gemir mientras te rajan en la sombra, de aprovechar cada herida para llegar a tu interior, viajar hasta el punto álgido, tu cerebro, y anidar allí.
Para infectar cada hebra de ti y corroer poco a poco tus fuerzas.
Para dejarte ciego y conseguir que te agarres voluntariamente a ella.
Para que lo hagas como si fuese a ejercer el papel de báculo, cuando en realidad, mientras dormías, ella se ha encargado de partirte las piernas.
Para ofrecerte una sonrisa mientras vomita ácido sobre tus órganos vitales.
Y, con órganos vitales me refiero a tu energía, a tus ganas.
Y, bueno, si tu cuerpo no está en condiciones de romper de un salto las cadenas, ve limándolas mientras te yergues, ¿no?
Por mucho que duela, que desespere, por mucho que te observes anclado a un instante (y a una cama) mientras las personas a tu alrededor avanzan y RESPIRAN.
Porque si te rindes no queda nada más. Ni siquiera quedas tú mismo.
Así que, EH, buenos días.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
jueves, 2 de abril de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario