sin habernos acostado, congelados en la terraza
del cuarto piso, descalzos, haciendo fotos al cielo
del amanecer, y, picándonos entre nosotros.
Ir corriendo a las tres de la mañana, cuatro pisos abajo, para, sigilosamente,
coger tres puñados de guisantes congelados, subir de nuevo, apostarte en el cuarto
de baño por ser la habitación de mejor luz, y, hacerle fotos a guisantes,
para cumplir el deseo de un amigo.
Tirarlos después, por la ventana, teniendo cuidado de no dar al coche
de algún familiar.
Despertarse tarde, salir a la terraza de mayor altura,
y, ver esto.
DD.

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