sábado, 10 de septiembre de 2011

Cual mimo de nariz respingona.

Estar de fiesta, no tener casa a la que ir, encontrarte a tu primo mayor,
que te diga que él te puede dejar las llaves de su casa fuera, que no hay nadie más,
llegar a las cinco, destrozada, con dolor de todo, sarte cuenta de que se le ha
olvidado dejar las llaves, y, tener que saltarte la valla, con pinchos, y,
después colarte por la gatera, por no despertarle.
Me lo pasé bastante bien, he de admitir.

Disastrous.

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