domingo, 9 de octubre de 2011

Vapor, incoloro, discreto.

 Martes, seis de octubre, casa de Isa, de ocho y media a once de la mañana.



Me preguntó qué era lo peor de él, y,
no supe responder.
Ahora, al menos, sería capaz, ya que a mi parecer,
una de sus peores, y, mejores cualidades,
es su insistencia.
Puede hacer lo que sea para conseguir lo que desea.
En cualquier sentido.
Haría lo necesario para lograr sus propósitos.
Sin pensar en las consecuencias que eso tendría.
Pequeños detalles, mínimos, son los que traen recuerdos,
los que te hacen derrumbarte por completo, te hacen replantearte todo
lo que hasta ahora tenías como seguro.
Puedes tratar de olvidarla, pero no podrás borrarla.
Sus ojos en blanco, acabo de recordar mi risa,
al descubrir que, cuando besaba, él casi siempre,
sin darse cuenta, ponía los ojos en blanco.
De cero a héroe, me lo repitió hasta el fin.
Qué sonrisa más tonta, más impresionante.
Acabo de encontrar, al buscar un imperdible en mi monedero,
una palomita.
Palomita, del aquel día.
No quiero salir, no me apetece ver a nadie, de ninguna manera.
Miento.
Claro que quiero, porque, es la única manera de verle.
He perdido millones de personas desde principio de año.
Algunas de ellas, formaban parte de mi base,
mi sustento. Y no sólo mío, sino de alguien muy importante para mí,
también.

He conocido gente nueva, que, vale muchísimo la pena,
y, actualmente, son ellos los que me nutren.
Pero falta alguien, en este momento.
Alguien que no quiero que me ayude.
Sí, sí lo quiero, deseo que venga, ahora mismo.
Sí, es cierto, tal como dicen Isa y Carlos, hay personas de paso en nuestra vida.
Pero creo que ni Luis ni yo, podemos ni queremos aceptarlo.
El suyo es un caso completamente diferente,
del todo,
pero le echo de menos.
Cada vez que empieza a cantar, me dan ganas de echarme a llorar,
estoy a punto siempre.
Y, a la tercera, va la vencida, ella viene, y me mira, desde la puerta.
Zas. Golpe. La séptima canción.
No hay momento en que pare.
-Anoche me pasé más de media noche llorando.
Me he despertado a las cuatro de la madrugada,
me he puesto a llorar.
Otra vez antes de las siete, y,
cuando el despertador a sonado, de nuevo.-
Y no me refería a que no pare de llorar,
ya que es completamente normal, sino,
a que no paro de pensar, en qué hacer, a partir de ahora.
En qué centrarme.
Estoy tres meses sin vida, sin salir,
sin entretenimiento, sin hobbies,
sin ánimo. Sin cosas que estudiar, que reír, que hacer, que disfrutar.
Muh rico, otra vez igual, al mismo estado.




http://www.youtube.com/watch?v=u5CVsCnxyXg&ob=av2e


+Are you gonna be my girl?
-No debería, pero...
Eva García.

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