alcancé a verte, se me paró el corazón en el mismo instante. Conseguí que mi respiración no sonara muy pesada para no llamar la atención, aunque, sabía que no lo haría; tú deslumbrabas aquella noche, nadie se habría fijado en mí habiendo un diamante delicadamente tallado en la estancia. Distinguí la pequeña marca de nacimiento de tu sien, los prominentes labios que me besaron cada noche durante meses, la sonrisa que en un tiempo acompañó mi despertar todas las mañanas, las curvas de tu cuerpo, las que mis dedos recorrieron una y otra vez hasta conocer cada uno de sus rincones, y, tus ojos. Esos ojos que me hacían sentir escalofríos y calidez al mismo tiempo, que me transmitían descargas, esos ojos que eran capaces de enturbiar hasta el agua más cristalina, y de aclarar el día más tomentoso; esos ojos que amé.
Eva García.
Enviado desde mi dispositivo BlackBerry® de Orange.
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