viernes, 13 de julio de 2012

Hipnotízame con tu brillo escarlata.

Sentí como si una fuerza sobrenatural, una mano desconocida manejase mi cuerpo
a su antojo, sin importarle mi voluntad o bienestar.
Fue como un huracán, de forma súbita e imprevisible no podía controlar
 absolutamente nada a mi alrededor.
Me encontraba ante la perfecta representación del caos y la discordia.
Tan sólo oía golpes, y, en segundo plano gritos, muchos gritos, sirenas de policía.
Entre aquella ruptura con la realidad encontré algo a lo que aferrarme, la idea de llegar a verle,
la idea de cumplir mi promesa, no faltar a mi palabra.
Con todos mis esfuerzos, intenté abrir los ojos.
Había mucha sangre, cristales rotos, luz.
Como fruto de anestesia, el sueño llegó dejándome casi indefensa, todo estaba apagándose.
Logré levantar la cabeza para alzar la vista al cielo y decir adiós a este mundo que en sus brazos me había acogido.

Eva García.

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