Podría mentir diciendo que no conozco la razón, pero, estoy realmente cansada de ello.
Puede que una de las principales razones sea el miedo: mi miedo.
Temor a evidenciar un descubrimiento al que llegué hace largo tiempo.
Temor a revelar ante el mundo que estoy vacía, que mi interior es como un agujero negro: mi propio hoyo,
que absorbe, atrae, todo lo que se pone a su alcance y lo retiene en su interior,
lo transporta al lugar que no es tal cosa, al lugar en el que no existe el tiempo,
donde nadie puede, ni probablemente quiera llegar.
Me justifico con frases tipo, tal y como 'deja que la carne instruya a la mente',
para, tras ello, al sincerarme conmigo misma, admitir que no permito experimentar
al cuerpo por aprensión hacia lo que pueda enseñar a la razón.
No acabo de percibir este hueco como un problema, ergo, no siento necesidad de cambiarlo.
Es algo a lo que decidí someterme.
Esto tuvo lugar en el momento en el que mi interior de rompió y opté, pues, por desecharlo.
Deshacerme de ello.
Me duele ser consciente.
Porque, no es la verdad lo que duele, sino el hecho de abrir los ojos ante ella.
Podría mentir y decir que es por ti, que me rompí cuando lo nuestro lo hizo,
pero esto no sería cierto para nadie, pues llevo rajada mucho más tiempo, aunque finja con intención de ocultarlo.
De vez en cuando nacen en mí pequeñas fracturas nuevas, pero mi cuerpo ha dejado de manifestarlo:
ha adquirido conciencia propia y opina que no merece la pena.
Conciencia. Eso es otro tema.
Soy como un espejo roto, una muñeca de trapo descosida,
unas venas rajadas o un libro calcinado, con páginas de menos. Pólvora mojada que se deleita estándolo.
Nadie conoce su espejo hasta que lo rompe, dicen.
Desde aquel momento, me resulta más sencillo, ameno incluso, autodestruirme.
Disfruto haciéndolo, verdaderamente lo hago.
Lo que no quiere decir, ni por asomo, que permita que alguien se plantee siquiera el
romper, el destruir a los que considero los míos.
Quedan pocos de estos, muy pocos, y, mi concepto de ellos ha sufrido bastantes distorsiones,
ha sido fruto de delirios inorgánicos (...), pero, aún lo conservo.
No soy capaz de sacar una conclusión válida, o, más bien provechosa, útil, de esta confesión,
más allá de la sinceridad con uno mismo.
Esta es mi realidad, una realidad que se torna más y más fugaz a cada segundo.
SOMOS EL REFLEJO DE NUESTRO PROPIO CAOS.
Esto está realmente desestructurado, pero, es el testimonio de una mente atormentada ante todo aquello que procesa. Es la representación verbal de destellos de contenido en medio de negros mares de ignorancia e infinito, tal y como dijo Lovecraft.
Eva García.
muy buena!!
ResponderEliminarMás Lovecraft, que veo que te hace falta, y menos emoicidades.
ResponderEliminar