lunes, 22 de diciembre de 2014

Mis oídos no van a deleitarse otra vez con la melodía de tu risa, ni mis ojos se recrearán en las arrugas que marcan tu cara al sonreír.
Mis manos no rodearán tus hombros ni sostendrán las tuyas nunca más. Ni podrán recorrerte, surcarte.
No saldrá de mi boca otra frase sin sentido aparente de las que marcan un antes y un después.
Mi nariz me sumirá en tu olor, en ti, pero no podrá reconstruirlo cuando el tiempo pase y empape con su esencia tu chaqueta.
Día a día dolerá, y, llegará uno en el que no sea capaz de recordar el sonido de tu voz, de reconstruir, pieza a pieza, el mecanismo de cada uno de tus movimientos, en el que tus rasgos empiecen a difuminarse, en el que tus palabras empiecen a perderse por los laberintos de mi memoria.
Sé que resististe, y, que, en el momento en el que no pudiste hacerlo más, tu resistencia pasó a estar en mis manos, el darte la vida otra vez. El ayudar a que completases la metamorfosis, para, ahora, ser recuerdo.
Por ello te digo, amigx, hermanx, que no seré capaz de mantener cada detalle que me recorría como una corriente eléctrica dentro de mi cabeza, que, poco a poco, pequeñas briznas de ti, esos pequeños detalles que te han conformado, escaparán. Pero, lo que nunca me abandonará, jamás, será la inmensa e intensa gama de sentimientos que hiciste nacer frente a mi abismo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Le das otra calada, entre escalofríos.
La melodía de las gotas chocando contra ese camino que has recorrido una y mil veces tranquiliza tu cerebro.
Le permite unos instantes de silencio.
Respiras. Huele a humedad, a frío, casi a invierno.
Otra noche en la que observas cómo el tiempo se te ha escapado. Se ha roto entre tus manos y sus fragmentos te han dejado sangrando, ahí tirada.
Tus huesos tiemblan, tus ojos gritan dentro de su tristeza habitual, y, en contraste, tu boca no es capaz de emitir sonidos. Ni uno solo.
Tu voz está completamente desgarrada, y tú muy cansada, pero, sigues sin ser capaz de dormir.
Hay algo en ti que te lo impide.
No hay una sola luz a tu alrededor, es por eso que te sientes cómoda; no se te ve.
Tus pestañas acarician el frío que te hace sentir viva. Que te hace sentir muerta.
Pero que, al fin y al cabo, te hace sentir.
Desenredas las ideas, las palabras entre tus dedos, haciendo especial énfasis en los silencios de tus monstruos.
Esos silencios son los que más asustan, ya que te permiten distinguir tu pensamiento, y, darte de bruces con él.
Estar frente a frente, mano a mano, en medio de un océano de ignorancia, colores y cenizas.
Un océano de recuerdos, de vidas pasadas, experiencias mutiladas, y realidades enterradas bajo enormes bloques de miedo a la nitidez.
Corrientes de verdades que te sacuden, te balancean, y explotan en tu cara.
Sólo eres una marioneta bajo los brazos del mundo que finge acogerte, sobre la tierra de la que en breve formarás parte.