Le das otra calada, entre escalofríos.
La melodía de las gotas chocando contra ese camino que has recorrido una y mil veces tranquiliza tu cerebro.
Le permite unos instantes de silencio.
Respiras. Huele a humedad, a frío, casi a invierno.
Otra noche en la que observas cómo el tiempo se te ha escapado. Se ha roto entre tus manos y sus fragmentos te han dejado sangrando, ahí tirada.
Tus huesos tiemblan, tus ojos gritan dentro de su tristeza habitual, y, en contraste, tu boca no es capaz de emitir sonidos. Ni uno solo.
Tu voz está completamente desgarrada, y tú muy cansada, pero, sigues sin ser capaz de dormir.
Hay algo en ti que te lo impide.
No hay una sola luz a tu alrededor, es por eso que te sientes cómoda; no se te ve.
Tus pestañas acarician el frío que te hace sentir viva. Que te hace sentir muerta.
Pero que, al fin y al cabo, te hace sentir.
Desenredas las ideas, las palabras entre tus dedos, haciendo especial énfasis en los silencios de tus monstruos.
Esos silencios son los que más asustan, ya que te permiten distinguir tu pensamiento, y, darte de bruces con él.
Estar frente a frente, mano a mano, en medio de un océano de ignorancia, colores y cenizas.
Un océano de recuerdos, de vidas pasadas, experiencias mutiladas, y realidades enterradas bajo enormes bloques de miedo a la nitidez.
Corrientes de verdades que te sacuden, te balancean, y explotan en tu cara.
Sólo eres una marioneta bajo los brazos del mundo que finge acogerte, sobre la tierra de la que en breve formarás parte.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
domingo, 14 de diciembre de 2014
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