domingo, 15 de marzo de 2015

El día en el que despierte sin la sensación de haberla cagado muchísimo la noche anterior.
El día en el que despierte sin una lengua diminuta chupándome la cara.
El día en el que deje de escribir palabras en el aire, en el que deje de sonreír 24/7,  el día en el que deje de buscar siete sinónimos distintos de cada palabra que pronuncio.
El día en el que despierte sin la mente convertida en un paraje abarrotado de ideas y niebla, el día que no disfrute viendo cómo ésta se disipa.
El día en el que deje a un lado mis principios, en el que deje de hacerlos evolucionar.
El día en el que sea una persona.
El día en el que deje de hacer miles de listas, en el que no disfrute haciendo estudios de conducta de todo tipo, el día en el que el desorden reinante a mi alrededor quede extinguido.
El día en el que no me derrumbe, en el que mis propias lágrimas no se encarguen de despellejar mi supuesta fuerza.
El día en el que no vuelva a alzarme, otra vez más, para gritar en el silencio de la sumisión.
El día en el que mis contradicciones no me lleven a dar a la mano a mis adicciones.
El día en el que la rabia no haga arder cada una de mis células.
El día en el que la frase 'estoy cansada, no vencida' pierda el sentido porque sí lo esté.
El día en el que no quepa ninguna duda en mi cabeza.
El día en el que me conforme, en el que me calle, en el que me siente, en el que deje que las suelas que se ciernen sobre mi cabeza me arrebaten el aire y las ganas.
El día en el que deje de ansiar aprender, formarme, conocer, descubrir, arder, compartir, experimentar, resistir...
El día en el que no fluya, el día en el que huya.
El día en el que me mire a los ojos y lo entienda.
Ese día seré libre. Y no lo seré. Porque no seré. Ni siquiera un recuerdo.

No cambiamos. Tan sólo escondemos ciertos fragmentos y ponemos otros bajo la luz.

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