Sólo escuchaba su respiración.
La aparente calma de la estancia, acompasada con el pecho cuyo movimiento no podía dejar de observar, sólo se veía turbada por los gritos, esta vez propios, que su cerebro emitía.
Porque, y qué si tenía que comprobar la cerradura de su espalda cada mañana para cerciorarse de que seguía habitando el mismo cuerpo. Uno no podía fiarse de nada, así que, también exploraba cada una de sus cicatrices, como una visita guiada, recorriendo la historia de su corta pero bulliciosa vida, contada por sus marcas. Para cuando a ella le faltaran las palabras. Y, justo después, se marchaba a aquella que siempre pasaba inadvertida, SU cicatriz, permitiendo a sus dedos disfrutar bailando un par de tangos sobre ella.
Se había convertido en un ritual.
Le gustaba comprobar si seguía habitando el mismo cuerpo para tener algo a lo que aferrarse.
Su mente estaba ardiendo, fluyendo, destruyendo; el único parecido que tenía con un ancla era su capacidad de hundirte, hasta lo más hondo, hasta aquel remoto lugar de ti cuya existencia ni conocías.
Pero eso no significaba que estuviese loca, jodiere. Es decir, lo estaba, pero, y qué. Todos lo estábamos. La única cuestión es que a algunos la sociedad les había colgado un cartel en el que lo ponía y a otros no.
No creía que nadie tuviese derecho a juzgar quién sí y quién no.
En realidad desde pequeña había pasado mucho tiempo con gente de esa con cartel, y, eran admirables. No por el hecho del cartel; éste no les confería ningún tipo de capacidad o habilidad, pero, en ciertas ocasiones, se encargaba de ponerlas en relieve.
Además, les resultaba indiferente el hecho de llevar cartel o no llevarlo; no se escondían, bajo ningún concepto.
El tango de sus dedos cesó. Se irguió, y volvió a la cama. Aproximó sus pies, siempre helados, a aquellos que habitaban bajo la manta. Posó la cabeza sobre su pecho, se rindió a la melodía de sus latidos.
Su propio cuerpo le permitía aferrarse a sí misma. El cuerpo al que unía el suyo ahora le permitía aferrarse al mundo, condensando la existencia en un instante.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
sábado, 7 de marzo de 2015
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