Llevo cinco meses y seis días ingresada. Cinco meses de quitar todas mis defensas.
Creéis que soy una yonkie, creéis que soy el caos, el desastre, el desorden, la inmutabilidad, que soy impermeable, irrompible, que soy el acero, la muerte, la kostrosidad, la no-persona a la que es imposible llegar, pero os equivocais. Y no sabéis cuánto. He descubierto que soy una persona. Y, más importante aún, que SOY. He descubierto la tristeza, el dolor, la vergüenza, la sensación de invalidez, de falta de protección, la soledad que lleva inundándome desde siempre, la rabia que me ciega pero puede no hacerlo, los golpes y gritos que vienen tras ella, la angustia, la necesidad de cuidado y de autocuidado, la fragilidad, la preocupación, la ansiedad, la desesperación, culpabilidad, la sensación de poder respirar sin necesitar meterme de todo, sin necesitar notar cómo me voy corroyendo. He redescubierto mi enorme orgullo, la calma, y el atractivo que a veces tiene la falta de intensidad. He redescubierto mi cuerpo, mi actitud, mi ira, mi efervescencia, y mi validez en innumerables campos vitales. He aprendido a explorar mis limitaciones, a explorar la desconfianza absoluta hacia mí misma, hacia mis 'mil partes'. He aprendido que soy sólo una. Nunca he sido diecisiete personas distintas. Soy una, con un espectro increíble e inimaginable. Soy yo. He descubierto todo lo que he mencionado y más, porque aunque llevo toda la vida con ello, mil y una veces no me he permitido verlo. He descubierto que me encanta sentir, y que necesito autocontrol. He descubierto que soy un diamante en bruto. Y, lo más importante, he descubierto que quiero cuidarme, que quiero quererme. Que puedo, y sé hacerlo.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
miércoles, 11 de mayo de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario