domingo, 13 de noviembre de 2016

Cuando siento que el peso de la lucha me consume, que necesito un respiro, sólo tengo que recurrir al miedo que paso cuando ando sola de madrugada por zonas oscuras y veo a alguien acercarse, o simplemente le oigo.
Sólo tengo que recurrir a la determinación con la que mis puños se aprietan y mis piernas se preparan, al sigilo con el que compruebo lo bien atadas que llevo las deportivas, a poder respirar de verdad únicamente cuando por fin llego acelerada a casa y cierro con llave.
A toda la frustración almacenada a lo largo de años sin conocer su origen, a haber estado varias veces al borde del abismo, a punto de tirarme, por todo lo que se me transmite como un deber desde fuera. Por todo el daño que he tenido la necesidad de hacerme porque me repetiais una y otra vez que no era válida. Por lo que duele ser consciente de esto ahora, y saber que seguiré avanzando en ello, sin pausa.
Por la resignación a la que me he condenado en demasiadas ocasiones.
Por lo que desgarra sentir a todas y cada una de nosotras día a día de esta manera tan horrible, y porque a pesar de esto a veces considero que es una "suerte" porque seguimos vivas aunque tratéis de enterrarnos.
ESTOY HARTA DE QUE VIVIR SEA CUESTIÓN DE SUERTE, JODER.
Porque cuando por un instante me recorren estas sensaciones, la rabia se reaviva y vuelvo a ser fuego. Y me encanta serlo, porque sé que no hay descanso y por el camino hacia la tumba vamos a hacer arder millones de cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario