martes, 24 de octubre de 2017

Ma moon

La luna también se enfada, también grita.
De hecho, no podéis imaginar con qué energía lo hace.
La luna sufre, llora, odia,
la luna tiene depresión pero trata de luchar, la luna la caga, se siente culpable, la luna se enrabieta y estudió la carrera de matemáticas sólo por gusto.
La luna es irascible y hay que aprender a captarla, la luna tiene mal humor pero es de risa fácil.
La luna es indecisa pero quiere sin reservas, la luna se cree vacía pero rebosa flores y espirales.
La luna es la hermana mayor de una familia que fue tan pobre como enorme, la luna es de barrio, y suda y sangra cada una de las mil cosas que lleva a cabo.
La luna no se conforma y te suelta un cate si así lo considera, la luna no conoce el achante (pero sí el aguante) ni una forma en la que no le resulte casi imposible abrirse de verdad.
La luna lo hace por los ojos, por los gestos.
La luna ha resistido lo indecible, la luna se quedó con dos hijos a las bravas y lo ha hecho todo lo mejor que ha sabido.
La luna es ácida y agridulce aunque parezca amarga, la luna es una guerrera pero no necesita espada.
Y, entre otras mil cosas, la luna me ha dado la vida.

lunes, 23 de octubre de 2017

Nunca me he sentido tan yo como en este momento de mi vida.
Me valen mierda vuestros discursos en pro de la droga habiendo vivido rodeados de florecillas y fumao cuatro porros.
Me vale mierda vuestra mirada de sorpresa y de 'tampoco será pa tanto, molo mucho más que tú porque me drogo'. Decidme eso cuando la hayáis mirado tanto a los ojos que los conozcáis al milímetro pero no podáis dejar de hacerlo. Demasiados años ya.
Desde que no consumo soy la versión más bonita de mí, quizá también la más aburrida pero la más feliz que conozco y ha existido hasta ahora.
La más auténtica, natural, sincera, respetuosa, y coherente.
A mis veinte estoy demasiado golpeada ya, y por un vez estoy siendo consecuente y no apaleándome yo también.
No sabéis lo que han andado estos pies ya, ni la cantidad de veces que se han tirado por el acantilado, tratando de volar pero deseando secretamente estamparse contra las piedras y convertirse en un amasijo de carne y sangre que iría desapareciendo con el mar.
Pero de pronto, cuando estaba a puntito de hacerlo, renací.
Y la vida de dentro de mí también.