martes, 24 de octubre de 2017

Ma moon

La luna también se enfada, también grita.
De hecho, no podéis imaginar con qué energía lo hace.
La luna sufre, llora, odia,
la luna tiene depresión pero trata de luchar, la luna la caga, se siente culpable, la luna se enrabieta y estudió la carrera de matemáticas sólo por gusto.
La luna es irascible y hay que aprender a captarla, la luna tiene mal humor pero es de risa fácil.
La luna es indecisa pero quiere sin reservas, la luna se cree vacía pero rebosa flores y espirales.
La luna es la hermana mayor de una familia que fue tan pobre como enorme, la luna es de barrio, y suda y sangra cada una de las mil cosas que lleva a cabo.
La luna no se conforma y te suelta un cate si así lo considera, la luna no conoce el achante (pero sí el aguante) ni una forma en la que no le resulte casi imposible abrirse de verdad.
La luna lo hace por los ojos, por los gestos.
La luna ha resistido lo indecible, la luna se quedó con dos hijos a las bravas y lo ha hecho todo lo mejor que ha sabido.
La luna es ácida y agridulce aunque parezca amarga, la luna es una guerrera pero no necesita espada.
Y, entre otras mil cosas, la luna me ha dado la vida.

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