después de una larga travesía lo consiguió,
pero, no pudo resistir unos segundos más,
tenía que mirar esa preciosa sonrisa,
esos nítidos y llamativos ojos, y, lo hizo,
volvió la cabeza, y, en el mismo instante en que sus
instintos quedaron reconfortados,
-en la medida de lo posible,
ya que allí era imposible sentirse seguro, y,
en mayor medida si no podía rodearla con sus brazos,-
ella se esfumó, fundiéndose con la bruma.
+Adiós, -susurró el, hablando al vacío- siempre te amaré, recuérdalo.
Eva García.
Enviado desde mi dispositivo BlackBerry® de Orange.
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