Saca el tú que no eres capaz de ver, prende tu mecha y transmite tu energía.
Haz que deje de ser tuya, se funda con la brisa, y pase a inundar los pulmones de la tierra, a impregnar las células de cada ser que habita en ella, no dejando nunca de enroscarte en cada mirada que ha sido modelada por las intensas olas del mar del sentimiento.
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