Sumérgete en tu falta de orden, respírate, pálpate.
Bucea en las corrientes que fluyen en tu mente, embriágate, desgárrate.
Escucha los gritos que tus ojos ya no callan, encuentrate, envenénate.
La cuestión está en resistir, pero no tener que resistirse.
Destruye horizontes, quema esperanzas, rompe aparentes verdades... Y no te prives de escupir en unas cuantas caras.
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