jueves, 15 de enero de 2015

Transformándome en escalofrío, me yergo, entre las sombras, para emprender el camino.
Recojo el mechero, aparto la litrona, y, de manera automática me prohíbo mirar atrás.
La noche, el frío y la aparente calma inspiran mis palabras, mis ideas, mis pensamientos.
Destrozan mi garganta, pero hacen que, por un momento, todo parezca circular en pleno estancamiento.
Estoy sumida en un bucle que todavía no sé cómo romper. 'Si pudiera ser consciente brevemente del tamaño de mi potencial, reiría sin parar por la insignificancia del mayor de mis problemas', sí.
Pero, ¿y si el principal obstáculo que se me presenta es mi propio cerebro?
Mi propio punto de vista, ése que me postra ante el precipicio, una y otra vez, sin dejarme marchar, sin hacerme caer, mientras pretende que bese sus pies. Pies a los que me permito el lujo de escupir, sin miramiento ninguno.
'Demasiada información en mi cabeza, la tengo hecha trizas pero sigo de una pieza.'

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