A veces estoy tan perdida que miro a mi alrededor, ávida de toparme con algo a lo que agarrarme, cualquier cosa. Algo a lo que entregar toda mi devoción, a lo que dedicar toda mi persona sin reserva ninguna.
Sin criterio, sin la mente de por medio.
Encuentro ese algo y contemplo la posibilidad durante dos milésimas, hasta que me entran ganas de apuñalar mi propio cerebro, porque, a pesar de todo, sé que tengo principios. Y estos me guían, estos siempre están ahí, aunque duelan.
Estos no me permitirían transferir mi vida a algo contra lo que lucho, a la ceguera.
A la minoría de edad culpable, a la tortura, a la supuesta justicia, al prejuicio reinante, a la muerte dominante.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
domingo, 21 de junio de 2015
miércoles, 10 de junio de 2015
No puedo respirar.
No soy capaz.
Ni tengo tiempo para ello.
Un grito asoma a las puertas de mi garganta, y lágrimas de rabia a las de mi abismo.
Pero inconscientemente no me lo permito, el agua se evapora, y sólo queda el fuego que va reduciéndome a cenizas.
Mi sombra, a punto de ahogarse, araña desesperada mis entrañas, y mi vacío, certero, me ensarta sin darme un sólo segundo de descanso.
El ruido va creciendo en mi cerebro, llantos, lamentos, y mucho dolor, en forma de voces que un día fueron desconocidas. Ahora ya no, ahora son mi día, mi noche, mi vida y mi muerte.
Ahora son el café ajetrado de por la mañana, son los siete autobuses que cojo al día, son ese señor que te mira con deseo y trata de tocarte en el metro al que escupes en la cara, son las prisas, las miradas de decepción constante a las que te has acostumbrado, son las mentiras, las apariencias, la hipocresía, la supremacía, son la bola del piercing que no deja de caerse, son los libros ardiendo, la esclavitud en plena época de 'evolución', la explotación, son los psiquiatras que se creen con derecho a decidir quién es un enfermo y quién no, a quién empastillarán hasta la inconsciencia (y falta forzosa de conciencia) y a quién darán un respiro, son toda esa madera a la que hemos de hacer arder.
No sé qué son, pero son.
Y eso me parece motivo suficiente como para luchar para que no sean.
lunes, 1 de junio de 2015
Idiota
Cómo decir esto, cómo pretender meter una vida y media en unas palabras, en un pequeño párrafo que pretendo que refleje todo lo que has significado, significas y significarás.
Ya lo sabes, aprendimos juntas a cruzar la calle, a vomitar nuestra vida en un papel, a combinar las zapatillas y la camiseta. Crecimos juntas en el fondo de la clase de Marisa al lado del pequeño museo que allí tenía montado, en el momento en el que nuestra mayor preocupación era el trabajo de animales que tendríamos que exponer en un par de semanas.
Hicimos carreras de patinete y bicicletas, encontramos muchos lugares a los que bautizamos como el 'nuestro', te acompañé al conservatorio una y otra y otra vez.
Instituto, '¿y qué nos ponemos el primer día?', y 'uy mira a ese', y 'uy qué vergüenza'.
Y volver a ser dos tras mil y una mierdas, como siempre. Estar ahí.
Voy a hacer un inciso y voy a dejar plasmado el día que, para variar, no olvidaré en el que estábamos en el skate por la noche, con un litro y un monster, y me miraste a los ojos y me dijiste que lo sentías. Que habías permitido que nos separásemos, aún no estándolo en realidad. Aún llevando sin separarnos desde hace una eternidad. Aún cuando sigo, hoy en día, declarando orgullosa que eres mi mejor amiga. Orgullosa porque mereces que lo estén de ti. Cómo no estarlo. Tras ver, escuchar, sufrir, vivir, sentir y disfrutar todo lo que has logrado y lograrás. Que, joder, ya son 18 años desde que tu madre y la mía se cruzaron hipotéticamente a la puerta del hospital sin imaginar siquiera lo que se avecinaba, lo que crearíamos.
No puedes ni imaginar de qué manera me inundaron las lágrimas cuando en tu felicitación leí aquello que llevaba toda esta vida negándome, el ' Y, en fin, en un día como hoy, alegre, sólo puedo pensar cuánto me gustaría estar a tu lado, cuánto desearía agarrarme a ti y no soltarte nunca, nunca más. Pero... Finalmente ha pasado, finalmente tú has hecho tu vida, y yo la mía, cada una de ellas al margen de la de la otra; pero no me importa, ¿sabes por qué? Porque todo mal se me pasa cada vez que recuerdo que, si los planes no me fallan, si la vida no me putea (de más) seguirás siendo la persona que mejor me conoce, la única capaz de distinguir mis estados anímicos por un simple gesto.'
Porque tienes toda la razón. Absoluta. Y eso no significa que duela menos. Porque, bueno, sabes que vamos a seguir aquí, como cada día. Estemos lo lejos que estemos. Porque nuestros cerebros siguen comunicándose sin necesidad de nada más. Porque ya me he liao y ni siquiera sé qué te he dicho y qué no.
Pero lo que tú sí que sabes es que lo daría todo, TODO, un todo indescriptible, por ti. Y así será. Por Robots, por nuestra lámpara de lava. Por darnos la mano, abrazarnos, por saber llorar sin temor ninguno en cada momento. Ya sea por dolor o por no aguantar más la risa.
Y, qué decirte. Que te quiero. Que siempre te querré. Que siempre serás tú, aquella idiota, (cuya canción se llama precisamente así) que me dio esperanza en la vida sin necesitarla. Que me dio sus brazos, el brillo de sus ojos, y un vaso de leche mientras ella se toma un típico nesquik. Un odiado (o amado) nesquik.