El viento ya no está dormido; ha muerto. Pero, sé que los últimos bombeos de su curtido corazón han marcado la piel de la existencia, han despertado tempestades y removido hasta las más antiguas cenizas. Han emitido un grito cuyo eco será la melodía que impregnará de esencia a los neonatos. Han narcotizado a la razón para hacerla real, objetiva en su subjetividad, en su eterna contradicción. 'Mi otro yo vengará la incompetencia del psiquiatra con la fuerza de una ola de Sumatra.' Hasta la muerte puede morir.
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