lunes, 13 de junio de 2016

No sé cuándo empecé a fumar. No sé cuándo empecé a beber. No sé cuándo empecé con los porros, ni con las drogas de verdad diariamente, cuándo empecé con el sexo sin ningún tipo de protección con completxs desconocidxs, unx tras otrx, sin descanso. No sé cuándo empecé a perforarme compulsivamente, a rajarme, a quemarme. No sé cuándo empecé a robar, cuándo empecé a vomitar, a traficar. No sé cuándo empecé a planear asesinatos, a colarme en casas desconocidas, a dormir y pedir en la calle. No sé cuándo empecé a no comer, cuándo empecé a mentir, cuando empecé a no poder pisar la casa en la que teóricamente vivía. Cuándo empecé a sentir miedo a llegar a ella. No sé cuándo empecé a hacer autostop, cuándo empecé a pedir que me pegaran, que me ataran, que me ahogaran, que me obligaran, que me hicieran sangrar. No sé cuándo me hice consciente de lo que supusieron los abandonos y los abusos en mi infancia. No sé cuándo comencé a despreciar mi cerebro, a sentirme incapaz. No sé cuándo empezó la enorme soledad y el vacío que todo lo llena. No sé cuándo empezó la prepotencia, la agresividad, no sé cuándo se despidió de mí el orgullo. No sé cuándo empecé a creer ser una no-persona, cuándo empecé a creer ser el caos. Inferior, superior y distinta a todo. No sé cuándo empezó la rabia desmedida, cuándo empezó el asco innegable al percibir un espejo. No sé cuándo comencé a ver lo que significó para mi mente el hecho de abortar. No sé cuándo mi vida empezó a ser tan insoportable como para tratar de quitármela de ochenta y tres maneras distintas, sin llegar a lograrlo. No sé cuándo pude creer que era mejor no sentir nada a tener aquello que me recorría a cada minuto. No sé cuándo comenzó a doler tanto.
Y no sé cómo he llegado a aceptar ese dolor sin permitir que me domine. Bueno, sí lo sé. Dejándome la piel por completo, tomando la decisión más dura de mi existencia, mirando por primera vez por mí y sufriendo más que nunca, por difícil que parezca. Lo ha sido. Lo es, lo será. Nunca dejará de serlo, nunca desaparecerá. Exponiéndome y haciendo lo que jamás imaginé para llegar a aquello que no creía posible, pero que tanto ansiaba. Mirándome a los ojos, escuchando nítidamente los alaridos de mi cabeza hasta comprenderlos, y con ayuda. Con la ayuda de las personas REALES que me rodean, aprendiendo a pedirla, a recibirla, y a admitir mi necesidad sin por ello creerme débil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario