domingo, 27 de febrero de 2011

Navegante.

Me gustan las mañanas claras y frías, en las que el pensamiento
se despeja  fácilmente.
Me gusta salir a la calle, y no ver ni un alma.
También me gusta sentarme en el banco del metro,
y ver pasar la gente, con sus extrañezas, sus pensamientos,
sus alegrías, sus penas, sus problemas, su corazón, 
su propia vida, a la que tú, probablemente, siempre estés ajeno.
Me gusta tener conversaciones sin sentido alguno,
al tiempo que me gustan también, los diálogos en los que
aprendo mil cosas.
Me gusta, llegar a casa y ponerme cómoda,
vistiéndome con alguno de los múltiples sucedáneos
de pijama habituales, como el de hoy, que consiste
en unos leggins negros, unos calcetines por la rodilla,
un bañador masculino, negro, y, con arañas
en ''relieve'', un alto y agradable moño, una camiseta muy holgada,
y, una chaqueta, a la par.
Me gusta tumbarme en el sofá, un domingo por la mañana, a leer,
al tiempo que me tapo con una aterciopelada manta, por ejemplo.
Me gusta el pan de molde. Los días soleados.
Los bosques, también. El surf, el paracaidismo, y, los ojos sinceros.
Me gusta el olor a gasolina, el roce de un rotulador permanente contra la piel.
Me gustan las marcas indelebles, tanto en el corazón,
como en la superficie de las cosas.
Me gusta morder algo a todas horas.
Me gusta el cuero, el pelo azul, los piercings.
Me gusta la palabra destruir.
Me gusta llevar un solo pendiente.
Me gustan los imperdibles y los candados.
Me gusta escribir con pluma, y, mancharme las manos con su tinta negra.
Me gusta fallar una y otra vez al aprender a hacer algo. Como, con la guitarra.
Me gusta oler colonias que, usaba hace tiempo y recordar, una y otra vez.
Siempre y cuando, no me pierda completamente en la memoria.
Me gusta la música.
Me gusta mascar chicle de menta en todo momento,
exceptuando momentos, en que la mandarina ocupa su lugar.
Me gustan los mecheros Zippo, me gusta la música interpretada con naturalidad.
Me gusta la gente espontánea, hasta cierto punto,
sin buscar las atracciones de atención.
Me gusta la tristeza, ya que, es mi estado natural.
Me gusta mirar a mi hermano mayor, recordándole hace unos años.
Odio que me repitan las cosas una y otra vez,
ya que me pongo nerviosa de manera excesivamente fácil.
Es muy complicado hacer que me enfade, pero, cuando lo hago,
es profundamente, y, me gusta, salir al aire fresco, tumbarme en un banco,
y ponerme los auriculares.
Me gusta comprobar que, normalmente, mi intuición no falla nunca.
Me gusta coger pequeñas cosas, para recordar otras grandes.
Me gusta el momento en el que un sms tuyo me sorprende, diciendo
que me quieres.
Me gusta ver feliz a mi primo, tanto como su sonrisa verdadera.
Me gusta percibir como rectificas ante tus errores, como aprendes,
Odio releer lo ya escrito.
Me gusta tumbarme sobre la hierba, por la noche, y, descansar,
reflexionando.
Me gusta salir a la terraza en verano, a causa del calor,
con el colchón, y la manta.
No me agrada absolutamente nada que me cojan el cuello, con la mano,
se acerquen mucho a él, con esta extremidad. Desde luego, ésto tiene su explicación.
Me gusta dormir con dos almohadas.
Me gusta detenerme a analizar el tacto de las cosas, sentirlo contra mi piel.
No me gusta llevar los dos calcetines del mismo color.
Me gusta que intentes ayudarme, y, que intentes lo imposible.
No me gusta que me miren a la cara, de cerca.
Ni, que me observen los ojos.
Me gusta hacer mil y una fotos seguidas, sin control. Me apasiona.






Tan pronto puedo estar riendo a carcajadas, como llorando, escondida.
Tan pronto puedo sonreír de oreja a oreja, como gritándote, furiosa.
Es un estado cambiante, muchísimo.
Soy, emocionalmente, como una montaña rusa,
y, puedo subir a lo más alto, y, dos segundos después, encontrarme en el subsuelo.



''Te quiero''. Ni yo misma sé si lo he dicho de corazón.




DD.

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