No sé quién soy.
Después de estar un rato meditando, paso al lado de un espejo,
giro la cabeza y, me sorprende ver lo que veo, ese reflejo.
No me esperaba encontrarme con esos ojos,
rodeados abundantemente de negro, escondidos bajo el flequillo,
con su perdida y confudida mirada; tampoco con mi rostro;
mi menos que agradable cuerpo; mi pelo rizado, castaño, claro u oscuro,
depende de la luz del día; mi habitual sudadera negra y ancha, mis apreciadas DC;
mis, usualmente, más que caídos pitillos, cubriendo mis largas piernas;
mi alta figura; mi boca, esa misma que, anteriormente, eran incapaz de tornar sus comisuras hacia arriba,
para dar muestra de verdadera felicidad, ya que, ésta, nunca me ha rodeado; mi chapa militar;
mi mandarina en el bolsillo; mi característico anillo de acero, situado en el dedo pulgar;
el atisbo de mis calcetines, de diferente color, todos los días.
DD.
No hay comentarios:
Publicar un comentario