Y, no entiendo esa felicidad que me invade al verte,
cuando me saludas, cuando te pregunto sorprendida
que si tienes coche, porque no me lo esperaba,
cuando me respondes que, aunque roto, sí, lo tienes.
Cuando hablamos de nombres raros, de dibujos animados que veíamos
de pequeños, y no tan pequeños, cuando hablamos de palabras graciosas.
Cuando hablamos de viajes, de instrumentos, de tablas,
de fotos, de tu sonrisa, de mi salud.
Cuando, día a día, me doy cuenta de que, me estoy ¿enamorando?
No, suena muy fuerte.
Aunque igual es verdad.
Me emociona el simple hecho de ver tu nombre escrito.
De ver que, al no hablarte yo, a causa de mi vergüenza,
me has hablado tú, con esa expresión tan habitual tuya.
Me entristece el hecho de asomarme al skatepark,
o, al recinto de la biblioteca, y, no encontrarte allí.
Eva García.
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