Diecisiete de octubre, otro año más. En los anteriores, fue un día de que la distancia doliese, de desear eliminarla, aunque fuese por unos segundos, para poder, al fin, contemplar la mirada tras la que se encontraba la persona que marcó un antes y un después. La persona que me hizo adorar, entre comillas, su acento andaluz. La persona que me hizo escribir de una manera que no creía posible, la persona cuya ausencia me hundía. Una relación que pasó por infinitas fases. Cada día era algo nuevo, sustentado en la base de la no estabilidad que me permitía sentir. Me hizo aprender, me hizo reír, me hizo articular miles de veces la palabra 'idiota', me hizo creer, en un momento en el que no podía siquiera hablar. Hizo que las lágrimas y la falta de ellas no fueran en vano, aún incluso sin haber tenido el placer de poder observar su barba de tres días, la forma de sus ojos al sonreír, o sus gestos al recibir una gran decepción. Encontró una canción que representaba, y, representa a la perfección aquello que hubo. Hoy, sin embargo, es un día en el que aprecio enormemente todo lo que me hizo sentir, todo lo que conseguí hacerle sentir. En el que soy consciente de que nada va a volver, ni lo deseo. Fue en otra etapa, en otra vida, y supuso algo que dudo que olvide. Fuiste, eres, y serás aquél chico de Jaén al que quise tanto. Aquel chico que hizo que, segundos antes de encontrarnos cara a cara no pudiese siquiera respirar. Y lo agradezco. Que me dejases entrar en tu vida, salir de ella. Y que me hicieses desear que estuvieses en la mía. No voy a poner una foto nuestra, ya que, si alguien está leyendo esto, no necesita conocer tu cara para comprender mis sentimientos. Y, no necesito que los comprendáis, simplemente hacerlo yo. Hoy, cuatro años después de haberte conocido, sigo alegrándome de haber empezado a discutir aquel día con el desconocido que ahora no lo es tanto.
Llevas cuatro años en mi vida, cuatro años anclado a mi muñeca, y, yo a la tuya. El tiempo, con nuestra ayuda, se ha encargado de ir haciendo que esas letras sean, a cada segundo, más ininteligibles. Ha ido desgastando, pero no borrando. Sé lo que pone ahí debajo. Sé lo que hay. Llevamos una vida en la que el otro ya no tiene un papel principal, pero, eso, ya lo dice la pulsera, te esperaré al morir.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
viernes, 17 de octubre de 2014
Diecisiete de octubre, otro año más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario