martes, 25 de agosto de 2015

disastrous september

Desde pequeña, siempre que notaba a septiembre observándome cada vez más de cerca, he tenido la necesidad de cambiar el café matutino por un té.
El olor de éste siempre me ha transportado a los incontables veranos que pasaba en el dojo. A la calma que en medio de la naturaleza me invadía, a la que irradiaban las personas con las que allí convivía.
Al silencio que sólo se veía acompañado del canto de las hojas de los árboles, del rumor de la vida de miles de pequeños seres que decidían compartirla contigo. 

Porque septiembre, de forma inevitable, supone agudizar las ojeras, afilar los puñales y quedarse helada con el viento del vacío que estalla en las gotas que bañan mi piel.
Así que, buenos días desde el té y el humo.

sábado, 22 de agosto de 2015

Acid delirivm

Soy efímera, disfrútalo.
Te daré todo, te regalaré mis días y las miles de sonrisas que acompañan éstos, te regalaré el testimonio de los nudos de mi mente. Te daré la oportunidad de recorrer el largo sendero de mis piernas, y de ver cómo disfruto vagando y explorando en ti. Te daré a beber la sangre que brote cuando me apuñale repetidas veces. Te regalaré noches de intensidad, mañanas de energía, tardes de explosión y el apoyo de mis curtidas manos. Te regalaré la primera risa que impregne los ojos entornados, los bostezos, y la boca pastosa.
Te escucharé y no desapareceré cuando creas que vaya a hacerlo.
Agradeceré como nadie todo lo que decidas ofrecerme y me bañaré en ello.
Te devoraré sin dejar nada más que respiraciones aceleradas, heridas, sudor, sensación de plenitud y sábanas manchadas.
Te daré explosiones, implosiones, tempestades y lluvias que empapen tu ropa.
Te brindaré la falta de necesidad de sentido y un punto de vista distinto acerca de las cosas.
No te daré nada, en realidad. Porque no podré regalar nada sin tenerlo.
Pero toda mi intención y mis ganas te acompañarán.
Y luego me iré. Me retiraré para colmar el vacío que ha ido aumentando al darte todo de mí. Será como una carrera de velocidad, en un parpadeo habré aparecido, y, en dos me habré ido. La única cuestión es que cuando me vaya se me olvidará recoger los recuerdos, los planes, las vendas que juntos nos pusimos.
Voy a pedirte que los quemes, escupas, arañes, desgarres o fusiles si así lo deseas. Pero que nunca hieras tus vasos sanguíneos con ellos.
El filo estará demasiado desgastado debido a las mil y una veces que he rasgado el cuello de las voces de mi mente con él.
Me materializaré y evaporaré en un instante.
Y estaré muerta.
Hasta que la química vuelva a sensibilizar mi organismo y resurja.
O hasta que metamorfosee y sea viento. El viento del vacío.
El viento que surca el abismo en el que los gritos de desesperación de incontables memorias mutiladas se amalgaman.

Luego están las excepciones. Excepciones que han ido estableciéndose, ya sea rápida o lentamente, presencial o esencialmente. Pudiendo hacer cosquillas a la tristeza del brillo de tus ojos cada día, o regalándote un abrazo en el que todo se concentra una vez al año. Que están, estarán, y cuando dejen de hacerlo, dejarán un dulce (y ácido) sabor.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Tan fuerte pero tan frágil.
Tan grande y tan escondida tras sus propias falsas manías.
Tras aquello que puedes amar u odiar, pero que nunca deja indiferente.
Refugiada tras la rabia y la tormenta, se mece en su culpa, en su soledad, en su miedo.
Físicamente idénticas, habiendo tomado caminos muy distintos.
Los mismos labios, el mismo huequecito que te invita a quedarte a vivir allí sobre estos, los mismos rasgos, la misma sonrisa desafiante y sincera, la misma nariz recta y respingona...
Y mirada tan dispar; la suya es de hierba escarchada, de mar, de musgos, de bosques y tempestades; la mía de madera. Pero, al mismo tiempo, ambas cuentan con el mismo brillo y la misma tristeza.
Ya ha anochecido, sólo se escucha el viento y los lejanos sonidos de las hormigas colocando sus hogares,
disponiéndose para descansar para iniciar un nuevo día, con sus cabezas enfrascadas en preocupaciones que nunca conoceré, riendo bromas que espero jamás compartir.
Nuestras respiraciones han creado una melodía, y el humo se va diseminando poco a poco en la calma, emprendiendo un viaje que no terminará.
Y somos incapaces de turbar el instante emitiendo algún tipo de palabra, porque, no las necesitamos.
Entendemos a la perfección el momento, el tormento, la necesidad de respirar y el misterio que empapa cada célula de la otra.

sábado, 15 de agosto de 2015

(V07082015)
Los labios secos y las lágrimas empapando mi tez. Respiración muy agitada, porque llevo algo dentro que no me permite inhalar y mi cerebro se va quedando poco a poco sin oxígeno. El olor, que no consigo identificar, es lo que, de pronto, desata los recuerdos y las náuseas.
Ésta es una sensación muy familiar. Pero, al tiempo, extraña, puesto que aunque se ha dado en varias ocasiones en el último año, cada vez que la vivo mi mente se remonta a la primera vez que la experimentó, casi dos décadas atrás. Cuando me diste la vida, una visión distinta de ella, y te fuiste. Me dejaste sola.
Sin las manos de dedos tan gigantes que uno solo valía para que yo agarrase la mía entera (que, bueno, era diminuta), sin tu té, tu olor a incienso, sin tu presencia, apoyo, o mínima explicación acerca del porqué. De pronto no estabas. Entonces, como todas las tardes, me senté a esperarte en los tres escalones de delante de casa. Pero se iba haciendo tarde y tú no venías. Más tarde, más tarde. Yo no quería jugar a nada hasta que llegases, me cogieses en brazos, pudiese tocar tu rapado, recorrer con el dedo tu tatuaje (el primero que vi jamás) y me hicieses cosquillas. Pero seguías sin venir. Al final se hizo tan tarde que me tuve que ir a la cama. No entendía nada.
Y, día tras día, volvía a sentarme en esos escalones con la certeza de que ibas a llegar. Pero no lo hiciste. Fueron pasando los años y la sonrisa de mofletes manchados de chocolate creció, sin ti, y fue cansándose de estar ahí. De clavarse un puñal cada noche al confirmar que no, no ibas a aparecer. Y al final clavó el puñal a la esperanza, sin comprender aún absolutamente nada. Hasta ayer.
He pasado toda mi vida llorando algo que ni siquiera conocía, de lo que ni siquiera era consciente. Pero en silencio. Toda mi vida actuándolo sin vislumbrarlo.
Y aún me queda sangre que verter, en la que bañarme.
Hay un dolor tan intenso dentro de mí que mis lágrimas no son capaces de dejar de brotar al mismo ritmo que lo hace el sol, acompañándole, paso a paso. Como quizá aquella niña habría agradecido que hicieran con ella.

sábado, 1 de agosto de 2015

Como el azúcar que se resiste a disolverse y vaga hasta posarse en el fondo del vaso, como esa fugaz sonrisa que inunda tus ojos durante milésimas tratando de pasar desapercibida, como el mechero que te mira mal cuando turbas su descanso, entre pliegues de tela y chustas de las que cuentan mil historias, como la cama que abraza al equilibrista que se desploma sin dudarlo, tras pasarse todo el día tratando de sostenerse entre mareas y corrientes, como ese lunar gemelo que, por capricho y orgullo decidió establecerse en el mismo punto de nuestra mano, como esa tenue llama que ilumina el grácil movimiento de la mariposa que acude, curiosa, a posarse en el bolígrafo con el que yo trato de dar forma a mis vómitos mentales, como la aventurera y frenética gota de cerveza que baja pícara por tus labios y recorre todos aquellos milímetros de la piel que hasta la luna mataría por acariciar(...)