Soy efímera, disfrútalo.
Te daré todo, te regalaré mis días y las miles de sonrisas que acompañan éstos, te regalaré el testimonio de los nudos de mi mente. Te daré la oportunidad de recorrer el largo sendero de mis piernas, y de ver cómo disfruto vagando y explorando en ti. Te daré a beber la sangre que brote cuando me apuñale repetidas veces. Te regalaré noches de intensidad, mañanas de energía, tardes de explosión y el apoyo de mis curtidas manos. Te regalaré la primera risa que impregne los ojos entornados, los bostezos, y la boca pastosa.
Te escucharé y no desapareceré cuando creas que vaya a hacerlo.
Agradeceré como nadie todo lo que decidas ofrecerme y me bañaré en ello.
Te devoraré sin dejar nada más que respiraciones aceleradas, heridas, sudor, sensación de plenitud y sábanas manchadas.
Te daré explosiones, implosiones, tempestades y lluvias que empapen tu ropa.
Te brindaré la falta de necesidad de sentido y un punto de vista distinto acerca de las cosas.
No te daré nada, en realidad. Porque no podré regalar nada sin tenerlo.
Pero toda mi intención y mis ganas te acompañarán.
Y luego me iré. Me retiraré para colmar el vacío que ha ido aumentando al darte todo de mí. Será como una carrera de velocidad, en un parpadeo habré aparecido, y, en dos me habré ido. La única cuestión es que cuando me vaya se me olvidará recoger los recuerdos, los planes, las vendas que juntos nos pusimos.
Voy a pedirte que los quemes, escupas, arañes, desgarres o fusiles si así lo deseas. Pero que nunca hieras tus vasos sanguíneos con ellos.
El filo estará demasiado desgastado debido a las mil y una veces que he rasgado el cuello de las voces de mi mente con él.
Me materializaré y evaporaré en un instante.
Y estaré muerta.
Hasta que la química vuelva a sensibilizar mi organismo y resurja.
O hasta que metamorfosee y sea viento. El viento del vacío.
El viento que surca el abismo en el que los gritos de desesperación de incontables memorias mutiladas se amalgaman.
Luego están las excepciones. Excepciones que han ido estableciéndose, ya sea rápida o lentamente, presencial o esencialmente. Pudiendo hacer cosquillas a la tristeza del brillo de tus ojos cada día, o regalándote un abrazo en el que todo se concentra una vez al año. Que están, estarán, y cuando dejen de hacerlo, dejarán un dulce (y ácido) sabor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario