sábado, 15 de agosto de 2015

(V07082015)
Los labios secos y las lágrimas empapando mi tez. Respiración muy agitada, porque llevo algo dentro que no me permite inhalar y mi cerebro se va quedando poco a poco sin oxígeno. El olor, que no consigo identificar, es lo que, de pronto, desata los recuerdos y las náuseas.
Ésta es una sensación muy familiar. Pero, al tiempo, extraña, puesto que aunque se ha dado en varias ocasiones en el último año, cada vez que la vivo mi mente se remonta a la primera vez que la experimentó, casi dos décadas atrás. Cuando me diste la vida, una visión distinta de ella, y te fuiste. Me dejaste sola.
Sin las manos de dedos tan gigantes que uno solo valía para que yo agarrase la mía entera (que, bueno, era diminuta), sin tu té, tu olor a incienso, sin tu presencia, apoyo, o mínima explicación acerca del porqué. De pronto no estabas. Entonces, como todas las tardes, me senté a esperarte en los tres escalones de delante de casa. Pero se iba haciendo tarde y tú no venías. Más tarde, más tarde. Yo no quería jugar a nada hasta que llegases, me cogieses en brazos, pudiese tocar tu rapado, recorrer con el dedo tu tatuaje (el primero que vi jamás) y me hicieses cosquillas. Pero seguías sin venir. Al final se hizo tan tarde que me tuve que ir a la cama. No entendía nada.
Y, día tras día, volvía a sentarme en esos escalones con la certeza de que ibas a llegar. Pero no lo hiciste. Fueron pasando los años y la sonrisa de mofletes manchados de chocolate creció, sin ti, y fue cansándose de estar ahí. De clavarse un puñal cada noche al confirmar que no, no ibas a aparecer. Y al final clavó el puñal a la esperanza, sin comprender aún absolutamente nada. Hasta ayer.
He pasado toda mi vida llorando algo que ni siquiera conocía, de lo que ni siquiera era consciente. Pero en silencio. Toda mi vida actuándolo sin vislumbrarlo.
Y aún me queda sangre que verter, en la que bañarme.
Hay un dolor tan intenso dentro de mí que mis lágrimas no son capaces de dejar de brotar al mismo ritmo que lo hace el sol, acompañándole, paso a paso. Como quizá aquella niña habría agradecido que hicieran con ella.

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