sábado, 19 de marzo de 2016

¿Tan fácil creéis que es? ¿Pensáis que tengo suerte por estar aquí en lugar de en el mundo de fuera, en el real, haciendo los exámenes que me corresponderían ahora?
Venid. Pasad una jodida semana aquí. Impregnaos de la vida de la gente y de todo lo que la aplasta. Impregnaos de las historias que cuentan las cicatrices de sus brazos, de sus caras, de sus cuellos, de sus voces, y, ante todo, de sus miradas. Impregnaos de los gritos y golpes continuos, impregnaos de ver caer todos y cada unos de los días a la gente con la que convives, a la gente con la que compartes lo de aquellos malos tratos, lo de los abusos sexuales, lo de los problemas de alimentación, lo del aborto, lo de cuando te pegaban con el cinturón, lo de cuando te ahorcaste con diez años, lo de los diez mil ingresos, lo de tirarte desde un segundo piso, lo de las cincuenta cartas de suicidio que encuentras por ahí, lo de vivir en la calle y conseguir dinero única y exclusivamente para droga, lo de tener las manos repletas de sangre y no saber si es de tu enemigo, de tu compañero o tuya, lo de la cárcel, lo de tu madre hundiéndote más en la mierda a cada segundo mientras ella se hunde sin llegar nunca al límite, lo del abandono, lo de aparecer medio muerta mil y una veces en lugares desconocidos, lo del cadáver al llegar a casa, lo de no tener derecho a vivir ni a morir. Lo del puto vacío inmenso que nos acompaña y acompañará a todos, (según dicen que suele pasar en este trastorno) durante el resto de nuestra existencia.
Todo esto mientras tu cabeza estalla a cada instante porque ni siquiera puedes con lo tuyo. Y mientras todo lo demás se hace tuyo también, y lo que proviene de ti se hace suyo.
Con los terapeutas que pasan de tu cara. Con la gente de fuera que te da puñaladas cada vez que respiras. Con la toxicidad presente en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. Y, por supuesto, siendo consciente de la realidad, actuando en ella, mientras aquí somos contenidos (ya sea para bien o para mal) y reprimidos.
Venid aquí, sobrevivid una semana y después me contáis lo fácil que es. Y empezáis a exigir. Y me decís lo que lucho o no lucho.
Hasta entonces, fuera.

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