jueves, 31 de marzo de 2016

Respiro fuerte y ando de forma silenciosa. Mis piernas se mueven muy rápido, con gracilidad, determinación y cierto ritmo. Vivo de puntillas pero provoco huracanes. Mi piel desprende un olor absolutamente inconfundible y no sé pronunciar bien la CH. Cuando hablo, parecerá que escucháis la marea, con miles de tonos, de matices, que nunca dejan de oscilar. Sé cuando mientes aunque no diga nada, porque capto cada detalle, calo con facilidad, soy intuitiva y muy observadora. No puedo dormir cerca de un reloj analógico, pero sin embargo me relaja escuchar la vida de sus agujas. Sólo me dejo las uñas largas para poder arañar, cabecear y hacer música con ellas, porque, en realidad, hago música con todo. No me avergüenzo de mis cientos de cicatrices y me tranquiliza recorrerlas. Cuando me desespero, angustio, enfado o frustro, siempre me llevo la mano al cuello y aprieto hasta que no puedo más. Por eso llevo mi fuerza tatuada ahí, para rozarla en esos momentos. Tengo una mancha de nacimiento en un pecho, es como una nívea nebulosa. Y, por supuesto, miles de lunares. En invierno soy extremadamente blanca y en verano muy muy muy morena. Me fijo mucho en las manos y las narices de la gente, y paso muchísimo tiempo analizando al milímetro cada detalle de estas últimas. Adoro los nudillos, las barbas y las mandíbulas marcadas. Nunca salgo a la calle con un calzado que no me permita correr y si no me corro antes de levantarme me encargo de hacerlo justo después, porque si no no funciono. Empiezo siete libros a la vez sin perder el hilo de ninguno y adoro la filosofía. No concibo el pelo como pelo, ya no. Siempre me he ido por ciencias porque además de que se me dan enormemente bien, me he encargado de aprender acerca de todo lo demás por mi cuenta. Me gusta la comida muy ácida y muy salada, y soy más de crema que de chocolate. Todo el mundo cree que soy ultra seria, fría y distante, hasta que pasan diez minutos conmigo y se dan cuenta de que soy lo más cariñoso que existe, pero sin llegar al pasteleo extremo vomitivo, con picardía y provocación. Soy un clítoris gigante. Escribo palabras en el aire de forma constante, y me encanta el olor del frío, de lo nítido y el viento en la cara, tengo sinestesia y asmr. Siempre que me como una fruta hago esculturas con su piel, y me toco con asiduidad los colmillos. Nunca, jamás, me arrepiento de algo hecho, aunque eso no significa que no duela y apuñale. El diccionario de sinónimos, la cámara, las notas y el reproductor de música son las aplicaciones más usadas en mi mvl, y la única canción con la que me dormía cuando era un bebé era Bohemian Rhapsody. Tengo una especie de insana obsesión por Mordor por aquello que representa. Muchas de las vidas que he tenido en estos últimos años han comenzado ahí. No concibo mi existencia como algo con continuidad, con consecutividad. Es decir, para mí, he vivido muchas vidas, he sido muchas personas distintas a lo largo de estos pocos años, pero siempre sin saber quién soy. Cuando me siento vulnerable tapo mi vientre con las manos. Me siento fascinada por el color y la textura de las cosas y siempre voy con boli y poscas a mano. Tampoco me separo jamás de los dos dados que me regaló mi hermano cuando ingresé, soy bastante abstracta e idealista. Soy como una explosión de emociones, tengo ojeras desde que nací y nunca me abandonan. La intensidad es mi síntesis.

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