Recuerdo la primera vez que follamos. Recuerdo despertarme en una casa desconocida, a oscuras, con dos personas semi insconscientes en la cama y un tanga rojo. Las piernas de una de ellas me echaban de forma bastante poco sutil, y decidí, por tanto, levantarme. Me dolía todo, me encontraba fatal, física y psíquicamente. Me senté en el suelo de lo que un día fue un salón, que en ese momento estaba totalmente vacío y comencé a llorar mientras acariciaba mi tripa. La mañana del día anterior había descubierto una noticia que me partió en siete; estaba embarazada. Media hora después despertaste y saliste asustado de la habitación pensando que me había pirado. Al verme, sonreiste, achinando aún más los ojos, y te sentaste a mi lado. Me acariciaste la cara, me secaste las lágrimas y me abrazaste. Estuvimos un rato en silencio, nos levantamos. Fuimos directamente al baño, sin ventanas ni bombilla. Me miraste esperando mi aprobación y al recibirla, de pronto todo fluyó, todo fue cómodo, todo explotó hasta que sólo éramos sudor y sensaciones
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