domingo, 3 de julio de 2011

Altamar;

Dentro de poco, la oscuridad cesará por completo.
Huele a amanecer, a pureza y a verano.
Este azul me transmite tranquilidad, aumentando gradualmente en
transparencia, en limpieza, en nitidez..
Ahora, algo verdoso, a la par que lo anterior, también.
Es precioso, son más de las seis. Ecribo en mi cuaderno
(el de la pegatina de Element en la cubierta), sin ver la letra, sin mirar siquiera.
Poseo bastante experiencia en esto.
Esto así, y yo, aquí, con el ojo de pez nuevo, a mi lado,
y, la cámara a doscientos kilómetros. Qué desperdicio.
El cielo tiene un tacto rugoso, de nuevo. Similar al de una pared,
pintada con gotelé, suave, o, a la arena de la playa, después de pasar un
rastrillo de forma ligera sobre ella. Tiene una infinidad
de matices del color, sobre el verde y el azul.
La figura de la montaña, cercana, contrasta,
cada vez más, con sus sombrías curvas.
Esto, es impresionante, digno de ser visto, al menos, una vez en la vida.
Tengo bastante suerte de poder hacerlo cada vez que quiera.
Aquí, no sólo entra el sentido de la vista.  Entran todos,
con el olfato, percibes este inimitable olor,
con el oído, el canto de los pájaros. El gusto, el gusto de poder estar
en este lugar. El aire sabe a libertad, por muy cursi que suene.
El tacto, de la naturaleza.

Disastrous Death.

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