Nos pasamos la vida jugando.
De pequeños, con horrendos y siniestros muñecos,
de algo más mayores, con cocinitas, con desproporcionadas
miniaturas humanas.
De adolescentes, y, en adelante, con los sentimientos,
y, la integridad de nuestros allegados.
Jugamos con ellos sin darnos cuenta,
sin quererlo, o, a veces, sin desear rematarlo del todo,
para así, perdurar.
Disastrous.
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