Algo está devorando mi integridad. Está rajándome cada milímetro de piel y arrancándolo después, con una mirada de satisfacción que pretende hacerme pequeña; está cortando el poco aire que consigue llegar a mis pulmones y a mi cerebro y quedándose a saborearlo.
Estoy impregnada en aroma a dolor.
Está haciendo que me desborde en forma de lágrimas, que éstas sean inagotables y vayan quemando todo mi ser, verso a verso. Siempre son los versos. Siempre es el verso.
Me refugiaré en los instantes vividos. Me refugiaré en lograr enviarte cuando antes esos dos lunares que gritan de ganas de verte.
Me refugiaré en esa fuerza inagotable que me recuerdas que está ahí.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
martes, 28 de julio de 2015
jueves, 16 de julio de 2015
Sin dueñx,
Una gota escarlata se aventura por mi rostro, aproximándose al abismo de mi barbilla. No la detecto hasta ese punto a causa de la capa de suciedad y sangre seca en la que tanto mi cuerpo como mi mente se encuentran bañadas. Relaciono que haya brotado de nuevo con el hecho de que el sol esté haciendo lo propio en este mismo instante, dándose la prisa que mis pies no son capaces de alcanzar debido a las ingentes cantidades de tóxicos, de los que parten los barrotes de tu mente de un golpe, y de alcohol que llevo encima y que hace un par de horas aún me conferían la condición de efervescente. Desecho rápidamente la idea de tirarme en esa atractiva acera que se estableció en mi cerebro durante dos milésimas de segundo, porque me quedan apenas unos minutos para tener la posibilidad de morir gustosamente en la cama y me repugna el ser tan débil como para no poder ni arrastrar el cuerpo que ahora ancla mi energía a estas desgastadas zapatillas, portadoras de mil y una historias vividas y sobrevividas en la oscuridad.
Sientes un pinchazo de la intensidad de una puñalada semejante a las que regalaste y recibiste anoche y vomitas súbitamente tu espíritu envuelto en sangre, lo que impulsa aún más a tus pies, y los hechiza, brindándoles un halo de furor.
Una ráfaga de viento penetra en ti, baila por tus vasos sanguíneos y da rienda suelta a aquello que habita en ti desde que crees tener memoria propia (y sólo lo crees porque eres consciente de la inmensidad de cosas que te inducen a pensar) y lo hace volar, fluir, fundirse con el viento, no parar de gritar; explotar.
De pronto te das cuenta de que, en contraste con la casi vacuidad del interior de tus bolsillos (a excepción de las llaves, mechero, mariposa y un inservible móvil del que sale una voz que entona algo así como 'no hay prisa cuando sale el sol'), su exterior está repleto de yeso; otra de las cosas que ni entiendes ni te intrigan lo suficiente como para detener tu cauce.
Alzas la mirada y te deleitas con la majestuosidad del desplegar las alas del ave que se dispone a surcar el cielo, a viajar sin límite ni rumbo ninguno. Otro pinchazo, más sangre, y un hueco que en teoría albergó veintiún gramos en alguna ocasión.
Vas enredando poco a poco las hebras de tu pensamiento hasta que te das de bruces con la puerta de lo que mal llamas tu 'hogar'. Llaves, puerta, camino, llaves, puerta, intento de silencio y las infinitas escaleras. Subes, escalas, reptas y tras inefables esfuerzos llegas a la cumbre, al ático, a tu refugio. Descorres la cortina y tu mente se queda muda frente a la vista de aquello que llevabas tanto tiempo esperando; TU CAMA. No te da tiempo a ir hacia ella, a verte abrazado por su familiaridad tras otra noche absolutamente destructiva más que añadir a la inmensa lista de ellas, porque, algo suena dentro de ti, algo se prende.
La dulce agonía llega a su fin.
Neckkface
domingo, 5 de julio de 2015
Equilicuá
No sé si estos meses te habrás acordado de mí.
No sé si habrás leído mis vómitos mentales y captado mis tormentos.
Sólo sé que no has roto tu silencio.
No sé si me habrás percibido calada en medio de todas las tormentas.
No sé si eres consciente de que aunque te hayas ido, no lo has hecho para mí.
No sé por qué lo hiciste, ni cómo has logrado esto último a pesar de todo.
Tengo tu cara en la pared, tu voz en la piel, tu guante colgado, tu ropa en el armario, tu tacto en la boca, tus palabras en las entrañas, tus actos en la sangre que va derramándose, poco a poco, y, el brillo de tus ojos en la sonrisa.
No estoy pidiendo que vuelvas, ni mucho menos, o, desde luego, no como estuviste.
Además si lo haces yo ya no estaré.
Sólo estoy declarando que aunque no quiera más, me supo a poco, y pidiéndote que no te hagas eso a ti mismo.
Que dejes de huir. Que no permitas que las arrugas que enmarcan la luz de tu mirada se agarroten, no permitas que tu voz se seque, y, que comiences a arriesgarte tanto con respecto a tus sentimientos como lo haces con tu cuerpo día a día, conoce otro tipo de adrenalina.
Nunca me arrepentí de tirarme al vacío contigo, porque me rompí todos los huesos, pero el viaje hacia el abismo me dio las alas que no aprendí a desplegar a tiempo.
Nunca nadie dolió tanto como tú, ni me hizo fluir de tal manera.
Sólo espero que si algún día volvemos a encontrarnos, aunque en cierta medida tu diamante esté rayado, tu esencia no se haya evaporado y sigas deleitando al mundo con ella, con tu buena mala vida, con tu fuerza.
Nuestros brazos están unidos, están marcados.
Acero eres, acero me hiciste.
Viento soy, viento te hice.
viernes, 3 de julio de 2015
Llevas mucho tiempo rozando los límites ajenos y haciéndolos bailar con la falta de los tuyos. Los límites empiezan a estar agotados, pero tu ausencia no para nunca, no se cansa, no se calla, y no se muere. Tu parte se ha tomado la libertad de dejar los límites que tenía al frente a un lado, y de llegar un poco más allá. Y más. Y más. Hasta que los portadores de esos límites, o, por ende, sus esclavos, han decidido sacar el machete y dejarte en trozos tan pequeños que sea imposible reconstruirte.
Una mañana te despiertas y todo coincide.
De pronto te das cuenta de lo que lleva años ocultándose a simple vista, frente a tus ojos.
De lo que ha ayudado increíblemente a que estos brillen.
De que lo que te salvó en su día sigue salvándote, en cada momento desde el primero.
Todo ha cambiado, pero no eso; la confianza mutua sigue siendo tu pilar.
Te salvó la vida, una vez tras otra, de forma literal; te recuerda las ganas que llevas dentro día tras día, y te permite hacer fluir las suyas.
En cada detalle, en cada instante, en cada brizna,
Jodiere, qué mal duermo cuando no me arrancas antes los pantalones, cuando no está nuestra ropa tapizando el suelo, cuando no me metes mis bragas en la boca para evitar que despierte a todo el mundo, cuando tu respiración de ir a dormirte no está ahí para relajarme, cuando no somos lapas eventuales que se juntan y separan inconscientemente mil veces a lo largo de la noche, cuando me despierto y no te siento ahí, todavía dormido, con esa nariz con tanta cara de maja y esas pestañas kilométricas en las que me tumbaría a tomar el sol, compartir una birra y escribirte una canción.
Cuando permito que mis ojeras griten las ganas que tengo de verte,