No sé si estos meses te habrás acordado de mí.
No sé si habrás leído mis vómitos mentales y captado mis tormentos.
Sólo sé que no has roto tu silencio.
No sé si me habrás percibido calada en medio de todas las tormentas.
No sé si eres consciente de que aunque te hayas ido, no lo has hecho para mí.
No sé por qué lo hiciste, ni cómo has logrado esto último a pesar de todo.
Tengo tu cara en la pared, tu voz en la piel, tu guante colgado, tu ropa en el armario, tu tacto en la boca, tus palabras en las entrañas, tus actos en la sangre que va derramándose, poco a poco, y, el brillo de tus ojos en la sonrisa.
No estoy pidiendo que vuelvas, ni mucho menos, o, desde luego, no como estuviste.
Además si lo haces yo ya no estaré.
Sólo estoy declarando que aunque no quiera más, me supo a poco, y pidiéndote que no te hagas eso a ti mismo.
Que dejes de huir. Que no permitas que las arrugas que enmarcan la luz de tu mirada se agarroten, no permitas que tu voz se seque, y, que comiences a arriesgarte tanto con respecto a tus sentimientos como lo haces con tu cuerpo día a día, conoce otro tipo de adrenalina.
Nunca me arrepentí de tirarme al vacío contigo, porque me rompí todos los huesos, pero el viaje hacia el abismo me dio las alas que no aprendí a desplegar a tiempo.
Nunca nadie dolió tanto como tú, ni me hizo fluir de tal manera.
Sólo espero que si algún día volvemos a encontrarnos, aunque en cierta medida tu diamante esté rayado, tu esencia no se haya evaporado y sigas deleitando al mundo con ella, con tu buena mala vida, con tu fuerza.
Nuestros brazos están unidos, están marcados.
Acero eres, acero me hiciste.
Viento soy, viento te hice.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
domingo, 5 de julio de 2015
Equilicuá
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario