domingo, 13 de noviembre de 2016

Cuando siento que el peso de la lucha me consume, que necesito un respiro, sólo tengo que recurrir al miedo que paso cuando ando sola de madrugada por zonas oscuras y veo a alguien acercarse, o simplemente le oigo.
Sólo tengo que recurrir a la determinación con la que mis puños se aprietan y mis piernas se preparan, al sigilo con el que compruebo lo bien atadas que llevo las deportivas, a poder respirar de verdad únicamente cuando por fin llego acelerada a casa y cierro con llave.
A toda la frustración almacenada a lo largo de años sin conocer su origen, a haber estado varias veces al borde del abismo, a punto de tirarme, por todo lo que se me transmite como un deber desde fuera. Por todo el daño que he tenido la necesidad de hacerme porque me repetiais una y otra vez que no era válida. Por lo que duele ser consciente de esto ahora, y saber que seguiré avanzando en ello, sin pausa.
Por la resignación a la que me he condenado en demasiadas ocasiones.
Por lo que desgarra sentir a todas y cada una de nosotras día a día de esta manera tan horrible, y porque a pesar de esto a veces considero que es una "suerte" porque seguimos vivas aunque tratéis de enterrarnos.
ESTOY HARTA DE QUE VIVIR SEA CUESTIÓN DE SUERTE, JODER.
Porque cuando por un instante me recorren estas sensaciones, la rabia se reaviva y vuelvo a ser fuego. Y me encanta serlo, porque sé que no hay descanso y por el camino hacia la tumba vamos a hacer arder millones de cosas.

lunes, 3 de octubre de 2016

Que te llegue dentro, que te inunde.
En este momento de mi vida no tengo tiempo de beber, de drogarme, de salir.
No tengo tiempo de perderlo.
Estoy jugándome TODO.
Y, más aún este mes. Esto es un all in.
El tres de octubre de 2011 tuve una toma de conciencia súbita, y, por primera vez, lloré delante de mis amigos, lloré sin avergonzarme por decir que me sentía muy muy sola. Siempre he guardado un mal recuerdo de ese día y he ido trasladándolo a lo largo de los años.
Mañana es tres de octubre y he reinventado esa fecha. Es la fecha de renacer, de dedicarme única y exclusivamente a mí, aunque eso signifique no ver a 'mi gente' (éste concepto además está mutando muy muy rápido, las cosas están esclareciéndose, se acabó lo de pasar por alto las mentiras hacia mí misma) en dos meses. Pero es que absolutamente nadie da nada por nadie. Casi. Yo tengo tres o cuatro excepciones a eso y me parece incluso demasiado.
Estoy jugándome el pellejo estas semanas y ya he permitido que mucho tiempo pase.
Estoy jugándome los frutos que ha dado mi paso por el centro psiquiátrico.
Soy la misma persona, pero dándolo TODO por mí.
Me resultaba increíblemente difícil decir que tenía ganas de vivir cuando estaba ingresada allí, pero lo hacía.
Allí preparé el terreno, los planos y los materiales. Ahora estoy en la etapa del trabajo más físico, de construir en el sentido más literal.

viernes, 26 de agosto de 2016

Narcissistic cannibal

No es difícil verme llorar, pero sí darse cuenta de que estoy llorando. Las lágrimas mil veces son las palabras que no digo, los silencios que aniquilo, o los gestos, que dicen muchísimo más que ninguna otra cosa. Las lágrimas son el descontrol, el caos, los gritos, el fuego, el hablar con todo el mundo, el contar por inercia episodios de mi vida que os hacen CREER entenderme, pero ni de lejos.
Las condenas no se cumplen; se viven, se sufren, se respiran, se piensan y se marcan. Te marcan. Nos marcan. Te matan.
Narcisismo es lo que impera, ¿no?

miércoles, 24 de agosto de 2016

Claro que es difícil. Claro que la ansiedad sigue ahí, a pesar de que siga siendo el menor de mis problemas.
No saber lidiar con ella ha hecho que engorde 15 kilos en dos meses. QUIN CE. Que no quiera salir de casa porque me da vergüenza, porque no quiero que me vean hasta que de nuevo me sienta yo.
Pero también ha hecho que me vuelva a dar miedo estar en ella. Porque sé cómo termino. Porque me sigo sintiendo sucia por mucho que frote hasta desgarrar. Porque mis encías están peor que nunca y mi garganta está organizando un funeral en medio de toda la tos. Porque las cicatrices visibles cada vez lo son menos y eso da un amplio margen para cubrirme de otras nuevas.
Porque todo el mundo me dice lo que tengo que hacer pero no sólo soy incapaz sino que cada vez me cuesta más decir las cosas porque me avergüenza no hacerlo.
Porque siempre termino sola. Y empiezo. Y existo. Y estoy volviendo a la mierda a una velocidad INCREÍBLE. Y estoy triste y rabiosísima y no me despido de la desidia.

Estoy HARTA de que me pidáis que me esconda, harta de que me echéis, de que me abandoneis, harta de que no digáis adiós, harta de que no escuchéis, harta de que reafirmeis la idea de lo que he creído merecer que me ha acompañado desde siempre, harta de que no lo reviseis y creáis que esto no va por vosotrxs aún cuando os lo digo personal, directa y claramente a cada unx, harta de que vengáis con discursos que sólo ponen más en relieve vuestra creencia acerca de que soy subnormal y vosotros no, que ponen en relieve que creéis ser superiores aún cuando ni siquiera podéis imaginar nada de lo que ha ocurrido, estoy harta de interpretar los intentos de ayuda como eso, estoy harta de mis jodidas contradicciones constantes, estoy harta de que me duela, joder, estoy harta de que no entendáis,  estoy harta de la crítica constante hacia mi necesidad de expresar este tipo de cosas Y DE QUE NO CAPTEIS QUE ME IMPORTA UNA MIERDA LO QUE OS PAREZCA, harta de 'pero Eva, no deberías hacer eso', estoy harta de que prácticamente TODO el mundo me trate inconscientemente como si fuese una jodida basura, estoy harta de recordar que os lo he permitido muchísimo tiempo, estoy harta de que las personas a las que más quiero y he querido lo hagan, estoy harta de ser incapaz de decir yo adiós a quien necesito decírselo por importante que sea para mí, estoy harta de estar harta, pero no estoy harta de mí

lunes, 22 de agosto de 2016

Conmigo no te confundas, voy de la mano del odio.

Tenía sed y mucho frío.
Ni mantas, ni agua, ni ganas.
Ni alegría, ni desesperación; tan solo mucho dolor.
Dolor, pavor, hervor.
En mi cabeza largos hilos se escapaban poco a poco de la maraña revelando su verdadero color.
Sangraba, pero al menos ya había terminado con el aparente desgarro sin fin. Ya había quitado el sucedáneo de costra formado a base de infecciones y me había permitido saborear el brillo escarlata.
Nunca había experimentado un sentimiento tan puro como éste, tan pleno.
Y me habría encantado no volver a hacerlo, a pesar de que sabía que esto era imposible y así lo aceptaba.
Exterminio, dominio, raciocinio.
Y el mar que de pronto se torna en lo más nimio. O al revés. El mar que surge de lo más nimio. No lo sé. Y tú tampoco.
Un día me invadiste, otro me evadiste, otro me hiciste explotar y luego me convertiste en pura energía, en vendaval.
Pero ahora ya no soy viento. Ahora habito la carne cargada de experiencias de este cuerpo que cicatriza. Ahora levanto poco a poco los andamios que ayudarán a que los huesos suelden.
Ahora soy cada centímetro de mí, cada detalle que registro, cada segundo de frenesí y cada golpe que resisto. Soy mis lágrimas, mis silencios, mis mejillas sonrosadas y mis esperanzas magulladas. Soy yo. Soy humana. Soy efímera. Estoy viva y muerta al mismo tiempo. Cada uno de los aspectos limita al otro.
Jamás podré volver a volver a empezar. Pero sí podré avanzar.
El ritmo de las gotas que se precipitan contra el suelo disminuye, las nubes terminan su asamblea y la vida va mudando su atuendo. Como cada día, como cada hora, como cada minuto y cada segundo.
A veces hay que aceptar sentir el sufrimiento de la muerte de una de nuestras partes más profundas para poder descubrir nuevos horizontes.
Para surcar los mares sin necesidad de naves, llegando hasta el Sol y fundiéndonos con la anaranjada calma que deja reposando en todos los lugares que su luz ha rozado.
Un placer haber coincidido en la existencia.
-M10052016

miércoles, 10 de agosto de 2016

Recuerdo la primera vez que follamos. Recuerdo despertarme en una casa desconocida, a oscuras, con dos personas semi insconscientes en la cama y un tanga rojo. Las piernas de una de ellas me echaban de forma bastante poco sutil, y decidí, por tanto, levantarme. Me dolía todo, me encontraba fatal, física y psíquicamente. Me senté en el suelo de lo que un día fue un salón, que en ese momento estaba totalmente vacío y comencé a llorar mientras acariciaba mi tripa. La mañana del día anterior había descubierto una noticia que me partió en siete; estaba embarazada. Media hora después despertaste y saliste asustado de la habitación pensando que me había pirado. Al verme, sonreiste, achinando aún más los ojos, y te sentaste a mi lado. Me acariciaste la cara, me secaste las lágrimas y me abrazaste. Estuvimos un rato en silencio, nos levantamos. Fuimos directamente al baño, sin ventanas ni bombilla. Me miraste esperando mi aprobación y al recibirla, de pronto todo fluyó, todo fue cómodo, todo explotó hasta que sólo éramos sudor y sensaciones

jueves, 30 de junio de 2016

Bye bye ébola

Cómo hablar de esto. Hoy he visto mis objetivos, tanto los que escribí el día que ingresé hace siete meses como los que consideró el equipo (que eran básicamente los mismos) y me he dado cuenta de que vine con ellos muy claros, y de que, a día de hoy, he podido abrirlos todos, trabajarlos, avanzar en ellos y sostener este avance, en mayor o menor medida. Es cierto que tengo que seguir con ellos, y más tenazmente con la parte más práctica y, desde luego, con la rabia, la retención de ésta, la transformación en angustia que pasa a ahogarme, etc etc, pero estoy orgullosa. He hecho todo lo que he podido aún cuando sentía que era imposible, aún cuando me creía incapaz, aún cuando sólo deseaba morir. Me he enriquecido con lo aquí vivido, incluso con las rabietas, los llantos, el odio, la desesperación, la frustración, la desidia, la desgana, la curiosidad insaciable. Con todo. Y he podido compartir esto con vosotros, he podido aportaros algo con mis emociones. Y, más importante aún, me lo he aportado a mí. He aprendido a tolerar los errores. ¿El mejor consejo que puedo dar a mis compañeras, siendo la veterana de la planta (y la más joven)? Antes he de deciros que no me habéis conocido cuando entré, que no me reconoceríais. Aunque yo sí lo hago, por mucho que a veces me cueste. Bueno, a lo que iba. Sentid. Sed personas, sed humanos en la medida en la que vayáis pudiendo permitíroslo. Parece que esto es eterno, que las cosas nunca llegan. Pero no es así. Se van en un parpadeo. Pero cuando se van no nos quedamos vacías. Al irse nos dejan con nuestra experiencia, con lo que hemos sentido. No deseo idealizar este tratamiento, esta etapa, al equipo... Deseo poder respetar la realidad. Llegará el día en el que no idealice porque ya no lo necesite. Gracias.
Recuerdo como si fuese ayer el día en el que, estando en el tren, Jorge me llamó para comunicarme la fecha de mi primera entrevista. Recuerdo que creí, por su voz, que llevaba gafas y camisa de cuadros, nada más lejos de la realidad. Recuerdo cuando subí a planta por primera vez y Bárbara tardó siglo y medio en abrirme la puerta, porque no recordaba mi nombre y se pasó un rato preguntándoselo a otra compi. Recuerdo lo poco válida que me sentí cuando salí. Pero lo pasé por alto, o al menos así lo creí, porque quería esto de verdad. Recuerdo el pánico que sentía ante la idea de ingresar, y toda la fuerza con la que inútilmente negar esos sentimientos, y el estar pensando en el alta incluso desde antes de entrar. Ya no tengo tanto miedo a ser olvidada, aunque desde luego esto siga en mí. Sé que he hecho sentir unas cosas u otras. Y sé que al igual que hay cosas que han pasado a formar parte de mí aquí y lo harán fuera, también pasará al revés, porque somos humanos. Repito, ésta ha sido la decisión más dura y dolorosa que he tomado nunca, pero también la mejor. Y lo ha sido porque de verdad he deseado que lo sea, porque he trabajado para ello, porque lo he hecho posible. Cuidaos, todos y cada uno de vosotros, en la medida que vayáis pudiendo
Daos tiempo, espacio. Mazapánk, choke de pulgar, y, agur. Recordad, el viento del vacío ni nace ni muere; es.
Yo sí nací y sí moriré, pero soy.
Soy humana.

lunes, 13 de junio de 2016

No sé cuándo empecé a fumar. No sé cuándo empecé a beber. No sé cuándo empecé con los porros, ni con las drogas de verdad diariamente, cuándo empecé con el sexo sin ningún tipo de protección con completxs desconocidxs, unx tras otrx, sin descanso. No sé cuándo empecé a perforarme compulsivamente, a rajarme, a quemarme. No sé cuándo empecé a robar, cuándo empecé a vomitar, a traficar. No sé cuándo empecé a planear asesinatos, a colarme en casas desconocidas, a dormir y pedir en la calle. No sé cuándo empecé a no comer, cuándo empecé a mentir, cuando empecé a no poder pisar la casa en la que teóricamente vivía. Cuándo empecé a sentir miedo a llegar a ella. No sé cuándo empecé a hacer autostop, cuándo empecé a pedir que me pegaran, que me ataran, que me ahogaran, que me obligaran, que me hicieran sangrar. No sé cuándo me hice consciente de lo que supusieron los abandonos y los abusos en mi infancia. No sé cuándo comencé a despreciar mi cerebro, a sentirme incapaz. No sé cuándo empezó la enorme soledad y el vacío que todo lo llena. No sé cuándo empezó la prepotencia, la agresividad, no sé cuándo se despidió de mí el orgullo. No sé cuándo empecé a creer ser una no-persona, cuándo empecé a creer ser el caos. Inferior, superior y distinta a todo. No sé cuándo empezó la rabia desmedida, cuándo empezó el asco innegable al percibir un espejo. No sé cuándo comencé a ver lo que significó para mi mente el hecho de abortar. No sé cuándo mi vida empezó a ser tan insoportable como para tratar de quitármela de ochenta y tres maneras distintas, sin llegar a lograrlo. No sé cuándo pude creer que era mejor no sentir nada a tener aquello que me recorría a cada minuto. No sé cuándo comenzó a doler tanto.
Y no sé cómo he llegado a aceptar ese dolor sin permitir que me domine. Bueno, sí lo sé. Dejándome la piel por completo, tomando la decisión más dura de mi existencia, mirando por primera vez por mí y sufriendo más que nunca, por difícil que parezca. Lo ha sido. Lo es, lo será. Nunca dejará de serlo, nunca desaparecerá. Exponiéndome y haciendo lo que jamás imaginé para llegar a aquello que no creía posible, pero que tanto ansiaba. Mirándome a los ojos, escuchando nítidamente los alaridos de mi cabeza hasta comprenderlos, y con ayuda. Con la ayuda de las personas REALES que me rodean, aprendiendo a pedirla, a recibirla, y a admitir mi necesidad sin por ello creerme débil.

sábado, 11 de junio de 2016

No sé qué siento, me encuentro rara
Hay un torbellino muy al fondo de mi ser, porque de momento es suave pero sé que está ahí, bajo todos los pensamientos. No sé qué lo ha originado. Estoy confusa. Pero sé que en breve me encontraré mal. Las estructuras comenzarán a derrumbarse sobre mí.
Tengo muchas ganas de llorar.
Tengo muchas ganas de hacer algo, de que el descontrol me domine, de convertirme de nuevo en caos.
Me apetece, pero no quiero.
Me conozco y sé a dónde me lleva esto.
A meterme de todo, perder la cartera, el mvl, las llaves, los calcetines, follarme a quince desconocidos seguidos, uno tras otro, a seis o siete desconocidas, sentirme una mierda, y despertar mañana queriendo morirme, surcada de rastros de sangre y cicatrices, mil externas, millones internas. Y caer de nuevo bajo el inmenso peso de la culpabilidad.
Me ha pasado más veces de las que puedo y deseo recordar. Y por eso, precisamente, voy a evitar exponerme a eso, voy a aniquilar el riesgo, a apagar la luz y a despertar mañana por la mañana en esta casa sintiéndome triste, dolida, derrumbada, pero no culpable, pero no muerta. Sintiendo cómo esto no puede controlarme ni superarme, sintiendo cómo, aunque se me dé mejor actuar contra mí, puedo hacerlo conmigo. Sintiendo que trato de quererme.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Llevo cinco meses y seis días ingresada. Cinco meses de quitar todas mis defensas.
Creéis que soy una yonkie, creéis que soy el caos, el desastre, el desorden, la inmutabilidad, que soy impermeable, irrompible, que soy el acero, la muerte, la kostrosidad, la no-persona a la que es imposible llegar, pero os equivocais. Y no sabéis cuánto. He descubierto que soy una persona. Y, más importante aún, que SOY. He descubierto la tristeza, el dolor, la vergüenza, la sensación de invalidez, de falta de protección, la soledad que lleva inundándome desde siempre, la rabia que me ciega pero puede no hacerlo, los golpes y gritos que vienen tras ella, la angustia, la necesidad de cuidado y de autocuidado, la fragilidad, la preocupación, la ansiedad, la desesperación, culpabilidad, la sensación de poder respirar sin necesitar meterme de todo, sin necesitar notar cómo me voy corroyendo. He redescubierto mi enorme orgullo, la calma, y el atractivo que a veces tiene la falta de intensidad. He redescubierto mi cuerpo, mi actitud, mi ira, mi efervescencia, y mi validez en innumerables campos vitales. He aprendido a explorar mis limitaciones, a explorar la desconfianza absoluta hacia mí misma, hacia mis 'mil partes'. He aprendido que soy sólo una. Nunca he sido diecisiete personas distintas. Soy una, con un espectro increíble e inimaginable. Soy yo. He descubierto todo lo que he mencionado y más, porque aunque llevo toda la vida con ello, mil y una veces no me he permitido verlo. He descubierto que me encanta sentir, y que necesito autocontrol. He descubierto que soy un diamante en bruto. Y, lo más importante, he descubierto que quiero cuidarme, que quiero quererme. Que puedo, y sé hacerlo.

jueves, 31 de marzo de 2016

Jamás podréis poneros en nuestro lugar, jamás podréis sentir lo que sentimos, sentir como sentimos, ni sentir cómo sentimos. Jamás comprenderéis que no podéis comprendernos. Ni vosotrxs, ni nuestrxs psiquiatras, psicólogxs, madres, padres o hermanxs. Ni compañerxs, ni profesorxs, ni alumnxs, ni jefxs, ni vecinxs; ni siquiera hijxs. Jamás podréis entender lo que es hallar el verdadero abismo dentro de vuestra propia cabeza. Pero es algo con lo que ya cuento, algo que duele pero sé soportar.

Respiro fuerte y ando de forma silenciosa. Mis piernas se mueven muy rápido, con gracilidad, determinación y cierto ritmo. Vivo de puntillas pero provoco huracanes. Mi piel desprende un olor absolutamente inconfundible y no sé pronunciar bien la CH. Cuando hablo, parecerá que escucháis la marea, con miles de tonos, de matices, que nunca dejan de oscilar. Sé cuando mientes aunque no diga nada, porque capto cada detalle, calo con facilidad, soy intuitiva y muy observadora. No puedo dormir cerca de un reloj analógico, pero sin embargo me relaja escuchar la vida de sus agujas. Sólo me dejo las uñas largas para poder arañar, cabecear y hacer música con ellas, porque, en realidad, hago música con todo. No me avergüenzo de mis cientos de cicatrices y me tranquiliza recorrerlas. Cuando me desespero, angustio, enfado o frustro, siempre me llevo la mano al cuello y aprieto hasta que no puedo más. Por eso llevo mi fuerza tatuada ahí, para rozarla en esos momentos. Tengo una mancha de nacimiento en un pecho, es como una nívea nebulosa. Y, por supuesto, miles de lunares. En invierno soy extremadamente blanca y en verano muy muy muy morena. Me fijo mucho en las manos y las narices de la gente, y paso muchísimo tiempo analizando al milímetro cada detalle de estas últimas. Adoro los nudillos, las barbas y las mandíbulas marcadas. Nunca salgo a la calle con un calzado que no me permita correr y si no me corro antes de levantarme me encargo de hacerlo justo después, porque si no no funciono. Empiezo siete libros a la vez sin perder el hilo de ninguno y adoro la filosofía. No concibo el pelo como pelo, ya no. Siempre me he ido por ciencias porque además de que se me dan enormemente bien, me he encargado de aprender acerca de todo lo demás por mi cuenta. Me gusta la comida muy ácida y muy salada, y soy más de crema que de chocolate. Todo el mundo cree que soy ultra seria, fría y distante, hasta que pasan diez minutos conmigo y se dan cuenta de que soy lo más cariñoso que existe, pero sin llegar al pasteleo extremo vomitivo, con picardía y provocación. Soy un clítoris gigante. Escribo palabras en el aire de forma constante, y me encanta el olor del frío, de lo nítido y el viento en la cara, tengo sinestesia y asmr. Siempre que me como una fruta hago esculturas con su piel, y me toco con asiduidad los colmillos. Nunca, jamás, me arrepiento de algo hecho, aunque eso no significa que no duela y apuñale. El diccionario de sinónimos, la cámara, las notas y el reproductor de música son las aplicaciones más usadas en mi mvl, y la única canción con la que me dormía cuando era un bebé era Bohemian Rhapsody. Tengo una especie de insana obsesión por Mordor por aquello que representa. Muchas de las vidas que he tenido en estos últimos años han comenzado ahí. No concibo mi existencia como algo con continuidad, con consecutividad. Es decir, para mí, he vivido muchas vidas, he sido muchas personas distintas a lo largo de estos pocos años, pero siempre sin saber quién soy. Cuando me siento vulnerable tapo mi vientre con las manos. Me siento fascinada por el color y la textura de las cosas y siempre voy con boli y poscas a mano. Tampoco me separo jamás de los dos dados que me regaló mi hermano cuando ingresé, soy bastante abstracta e idealista. Soy como una explosión de emociones, tengo ojeras desde que nací y nunca me abandonan. La intensidad es mi síntesis.

martes, 22 de marzo de 2016

Aún sigo preguntándome...

Te encoges sobre una silla y te das cuenta de que en realidad no tienes nada que decirle. Dejas que la lluvia brame por ti, atizando las ventanas como si jamás fuese a volver a amanecer. Gritas por dentro, aprietas los puños y te deshaces en lágrimas. Cruzáis las pupilas y, aunque te sientes escuchada, su expectación aviva tu tensión. Y todos los fragmentos en los que te has convertido se desparraman. Ahora eres los cristales, las gotas, el vendaval, los árboles, el río que se precipita hacia las alcantarillas, las capuchas empapadas y las deportivas que tratan de salir lo más indemnes posible. Aún sigo preguntándome por qué continúo aquí si casi conseguí irme. Y, ¿cuando no hay motivos? ¿cuando sólo eres tú y te das asco? ¿cuando tú eres lo que más te impulsa hacia la basura y lo ÚNICO que puede levantarte? Ceniza, tiempo, sentirte fuera de la unidad.
¿Qué somos, qué soy? ¿quién soy? Aguijón, caricia y marea. No me toques, hoy no. Ni me roces. Quizá en un par de horas no pueda separarme de ti, pero ahora no te acerques. Pensar en el contacto me da asco. Escucharte, mirarte a la cara, percibirte... crea en mí rechazo. Espero no llegar al punto en el que interprete alejarnos como haberme librado al fin de ti. Aunque realmente ahora no puedo tocar a nadie. Sólo quiero perforar mi estómago con puñales. E ir sufriendo, poco a poco.

sábado, 19 de marzo de 2016

¿Tan fácil creéis que es? ¿Pensáis que tengo suerte por estar aquí en lugar de en el mundo de fuera, en el real, haciendo los exámenes que me corresponderían ahora?
Venid. Pasad una jodida semana aquí. Impregnaos de la vida de la gente y de todo lo que la aplasta. Impregnaos de las historias que cuentan las cicatrices de sus brazos, de sus caras, de sus cuellos, de sus voces, y, ante todo, de sus miradas. Impregnaos de los gritos y golpes continuos, impregnaos de ver caer todos y cada unos de los días a la gente con la que convives, a la gente con la que compartes lo de aquellos malos tratos, lo de los abusos sexuales, lo de los problemas de alimentación, lo del aborto, lo de cuando te pegaban con el cinturón, lo de cuando te ahorcaste con diez años, lo de los diez mil ingresos, lo de tirarte desde un segundo piso, lo de las cincuenta cartas de suicidio que encuentras por ahí, lo de vivir en la calle y conseguir dinero única y exclusivamente para droga, lo de tener las manos repletas de sangre y no saber si es de tu enemigo, de tu compañero o tuya, lo de la cárcel, lo de tu madre hundiéndote más en la mierda a cada segundo mientras ella se hunde sin llegar nunca al límite, lo del abandono, lo de aparecer medio muerta mil y una veces en lugares desconocidos, lo del cadáver al llegar a casa, lo de no tener derecho a vivir ni a morir. Lo del puto vacío inmenso que nos acompaña y acompañará a todos, (según dicen que suele pasar en este trastorno) durante el resto de nuestra existencia.
Todo esto mientras tu cabeza estalla a cada instante porque ni siquiera puedes con lo tuyo. Y mientras todo lo demás se hace tuyo también, y lo que proviene de ti se hace suyo.
Con los terapeutas que pasan de tu cara. Con la gente de fuera que te da puñaladas cada vez que respiras. Con la toxicidad presente en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. Y, por supuesto, siendo consciente de la realidad, actuando en ella, mientras aquí somos contenidos (ya sea para bien o para mal) y reprimidos.
Venid aquí, sobrevivid una semana y después me contáis lo fácil que es. Y empezáis a exigir. Y me decís lo que lucho o no lucho.
Hasta entonces, fuera.

Cada mañana me despierto, maldigo al aire por volver a acariciar mi cuerpo vivo, lleno de heridas y cicatrices, y mis impulsos se apoderan de mí durante unos segundos. Deseo meterme, dirigir la mano hacia el interior de mi sujetador y encontrar un chivato. Deseo abrirlo, colocar cuidadosamente su contenido e introducirlo en mi cuerpo. Deseo notar cómo la efervescencia se va apoderando de mí, cómo me inunda. Deseo mirar a mi alrededor y darme cuenta de que tengo decenas de botellas de birra a medio terminar diseminadas por el suelo, y otras tantas de alcohol más cargado. Deseo notar cómo mi cuerpo se va pudriendo por dentro, cómo el elixir me baña y, aunque no distraiga el dolor, me calma hasta que el cóctel de pastillas que acabo de ingerir hacen efecto. Deseo encontrar a alguien desconocido a mi lado maldiciendo que no seas tú, maldiciendo que sigas tan lejos. Deseo mirar el mvl mientras entrecierro los ojos y comprobar que tengo veintisiete llamadas perdidas que por supuesto no devolveré. Deseo imaginar los gritos que saldrían a través del auricular y agobiarme un poco por lo que vaya a pasar cuando llegue dos o tres días después a casa.
Deseo que la culpabilidad comience a presionar mi tráquea y los sentimientos a encharcar mis pulmones. Deseo que la ansiedad aflore, deseo que lo hagan también las tres cajas de ansiolíticos que llevo en la riñonera, encender un cigarro y comenzar a sacar alrededor de noventa pastillas de los blisters. Deseo tomar la birra entre mis dedos, dar el último calo, y, con cuatro o cinco tragos, dar paso a la enorme cantidad de asesinas hacia mi garganta. Deseo ir notando poco a poco cómo el frescor se apodera de mí y mis ojos se van cerrando. Deseo despertar en urgencias, por vez número diez mil, débil, confusa, y sintiéndome absolutamente inútil por no lograrlo jamás por mucho que lo intente varias veces al mes. Deseo que los más de cien días que llevo ingresada en el manicomio se esfumen. Deseo volver a ser yo. Deseo sentirme yo al despertar. Deseo ser puro caos. Deseo ser corrosiva, ser tóxica, ser venenosa. Pero no poder parar de expresar asco, amor y mis distorsiones en ningún momento. DESEO SER YO, JODER.
También deseo saber qué es ser yo, además del TLP hecho persona. O, más bien, no-persona.

martes, 19 de enero de 2016

-M29122015

La mirada lo dice todo. Relata que estoy partida en mil pedazos y que cada uno de ellos contribuye a que la gangrena se extienda más y más. Relata el dolor que me asedia cuando *** muestra que no sabe quererme porque ni siquiera sabe quererse. Relata las múltiples puñaladas que pintan mis pulmones de color escarlata cuando me abandona sin siquiera haber estado de verdad. Y cuando, día tras día, hace amagos de abandonarme para siempre. Cuenta cómo, una y otra vez, he intentado dejar de respirar porque no me creo con derecho a ello. Pero tampoco a morir, a tener calma. Cuenta cómo se me revuelven las tripas al rozar mi abdomen , sentir latidos y ahogarme en lágrimas por el hecho de que sean los míos. Cuenta cómo me frustra el ser consciente de que dentro de poco tendré que decir adiós a la gente que me crió porque se transformarán en recuerdo. Cuenta cómo no sé con qué cara hacer frente a *** después de que mi cerebro desenterrase involuntariamente los abusos sexuales que recibí por su parte y cómo eso me ha llevado a una auto-represión absoluta gran parte de mi vida. Cuenta cómo no creo tener derecho a hacer que eso deje de ser un secreto. Cuenta cómo desde que estoy aquí prefiero no 'ponerme guapa' porque me daré asco de todas maneras y así al menos tendré una excusa mental que lo justifique. Cuenta la impotencia que siento cuando no puedo tranquilizar o ayudar a mis compañerxs porque ni siquiera brotan las palabras, porque en mi interior sólo hay olas y olas que, enturbiando el océano, rompen contra el acantilado desde el que deseo saltar. Cuenta la rabia que me invade cuando mi gente cree que estoy aquí porque no lo he intentado antes, porque no he deseado cambiar, cuando realmente me he dejado la piel por ello. Cuenta que aborrezco cualquier tipo de autoridad y de límite porque, al igual que yo creo no tener derecho a nada, nadie lo tiene sobre mí. Pero eso me lleva al limbo. Cuenta que estoy cansada, pero nunca vencida. Aunque sea sólo por no dar esa satisfacción a la existencia. Cuenta que voy a seguir. Cuenta que a pesar de todo, ni pueden ni puedo vencerme, porque el viento no nace y no muere. Siempre está. Siempre es.