Todo guerrero necesita parar a respirar entre batalla y batalla, fundirse con la increíble bocanada de aire que se transforma en lo único existente. Llenarse la vida a través de un trago de agua, notar como baja, recorre, nutre cada milímetro.
Muchas gracias por la fuerza, la energía y la suerte. Pero no necesito esta última, puesto que reboso determinación. Sé lo que tengo, sé lo que quiero, y ahora sólo falta que se me formen callos sobre los que ya cubren mis manos.
Apúntame y dispara, vida, nada puede hacer que pare. Porque soy viento. La brisa que acaricia tus pestañas o el vendaval que destruye tu ciudad. El viento que no necesita nacer y que no teme morir, porque ES. Soy el viento del vacío.
DISASTROUS DEATH, DISASTROUS LIFE. Os acompaño en el festín demoníaco que se os presenta en estas páginas;
jueves, 3 de diciembre de 2015
J03123015.
sábado, 21 de noviembre de 2015
He de decir que la suerte me come el coño muy fuertemente. Porque no ha sido la suerte quien ha estado mil veces ahogándose en sus lágrimas, no ha sido la suerte la que se ha dejado la piel y la que, aun sintiendo cómo se la desgarraban, seguía en pie. Porque no ha sido la suerte la que ha devorado a sus putos mayores monstruos para avanzar. No ha sido la suerte la que ha decidido que prefiere que le arranquen los ojos antes que cerrarlos, antes que mirar hacia otro lado y hacer como que nada ocurre. No fue la suerte la que te comió la boca aquella noche en Villalba. No ha sido la suerte la que ha dejado su garganta en carne viva de tanto gritar al vacío. No ha sido la suerte la que ha subido a pulso tras aventurarse al abismo miles de veces. No ha sido ella la que se ha puesto a sí misma el filo del machete al cuello día tras día, ni la que ha tenido que beber su propia sangre para no morir. No ha sido la suerte la que ha afrontado la realidad y ha dejado de cortarse en escupir en unas cuantas caras a pesar de que eso pueda significar que partan la suya en siete. No ha sido ella la que se ha hecho un bocadillo con sus propias cenizas porque no había otra cosa de la que alimentarse. No ha sido ella la que se ha puesto al borde del precipicio aun sabiendo que no podía ganar, pero sí aprender. No ha sido ella la que aunque cansada, nunca ha estado vencida, no. He sido yo. Ha sido mi sudor, mi esfuerzo, mi dolor y mi satisfacción. Mi ansiedad, depresión, trastorno límite de la personalidad, mi soledad, mi cerebro, mi asco, mi rabia, mi odio, MI ORGULLO, mi intensidad, mis manchas de caca, mil cicatrices, la esquina rota de mi paleto, mis batallas. Mi intensidad, mi ilusión, mi aleatoriedad, mi impulso, mi insaciable curiosidad, mi gente, y mi INVENCIBILIDAD. No la jodida suerte.
Nckkfvce
sábado, 17 de octubre de 2015
El viento ya no está dormido; ha muerto. Pero, sé que los últimos bombeos de su curtido corazón han marcado la piel de la existencia, han despertado tempestades y removido hasta las más antiguas cenizas. Han emitido un grito cuyo eco será la melodía que impregnará de esencia a los neonatos. Han narcotizado a la razón para hacerla real, objetiva en su subjetividad, en su eterna contradicción. 'Mi otro yo vengará la incompetencia del psiquiatra con la fuerza de una ola de Sumatra.' Hasta la muerte puede morir.
lunes, 14 de septiembre de 2015
ataraxia
Quizá sean los esfuerzos y la convicción del pez que trata de ir a contracorriente.
Quizá sea el rumor del agua, nutriendo todo a su paso.
Quizá sea la risa de los árboles al ser acariciados por el viento.
Quizá sea la curiosidad incontenible de la hoja que tras empezar a mudar la piel decide ir a explorar mundo.
Quizá sea el bostezo del sol y el fervor de la joven luna ansiosa por alzarse y mostrar su inmensa sonrisa.
Quizá sea la disciplina y resistencia de la trabajadora hormiga obrera que, incansable, recorre tu pierna izquierda.
Quizá sea esa traviesa e inconformista nube que decide no definirse y metamorfosear segundo tras segundo.
Quizá sean los millones de relatos que esa flor solitaria ha ido tejiendo a lo largo de los años.
Quizá sea la grandeza de la naturaleza, esa inmensidad que puede ser captada en cada detalle. O, quizá, el mar de colores y matices a los que ésta proporciona un digno cobijo.
No sé exactamente qué.
Pero sea lo que sea, lo logra. Que el compartimento principal del enorme conjunto de vacíos se llene con toda la esencia de la que me veo rodeada. Se inunde, se colme. Que el dolor que produce el filo al desgarrar la piel y dejar a todas las tormentas ver la luz sea más llevadero. Que el aire llegue a la más pequeña y olvidada célula y permita que vuele, que los ojos se acostumbren a la oscuridad y la hagan placentera. Que los gritos pasen a un segundo plano. Que se desgasten las rocas que amoratan mi estómago por dentro, que las yemas de mis dedos rocen por un instante la ataraxia.
(No concluido, en proceso)
martes, 25 de agosto de 2015
disastrous september
Desde pequeña, siempre que notaba a septiembre observándome cada vez más de cerca, he tenido la necesidad de cambiar el café matutino por un té.
El olor de éste siempre me ha transportado a los incontables veranos que pasaba en el dojo. A la calma que en medio de la naturaleza me invadía, a la que irradiaban las personas con las que allí convivía.
Al silencio que sólo se veía acompañado del canto de las hojas de los árboles, del rumor de la vida de miles de pequeños seres que decidían compartirla contigo.
Porque septiembre, de forma inevitable, supone agudizar las ojeras, afilar los puñales y quedarse helada con el viento del vacío que estalla en las gotas que bañan mi piel.
Así que, buenos días desde el té y el humo.
sábado, 22 de agosto de 2015
Acid delirivm
Soy efímera, disfrútalo.
Te daré todo, te regalaré mis días y las miles de sonrisas que acompañan éstos, te regalaré el testimonio de los nudos de mi mente. Te daré la oportunidad de recorrer el largo sendero de mis piernas, y de ver cómo disfruto vagando y explorando en ti. Te daré a beber la sangre que brote cuando me apuñale repetidas veces. Te regalaré noches de intensidad, mañanas de energía, tardes de explosión y el apoyo de mis curtidas manos. Te regalaré la primera risa que impregne los ojos entornados, los bostezos, y la boca pastosa.
Te escucharé y no desapareceré cuando creas que vaya a hacerlo.
Agradeceré como nadie todo lo que decidas ofrecerme y me bañaré en ello.
Te devoraré sin dejar nada más que respiraciones aceleradas, heridas, sudor, sensación de plenitud y sábanas manchadas.
Te daré explosiones, implosiones, tempestades y lluvias que empapen tu ropa.
Te brindaré la falta de necesidad de sentido y un punto de vista distinto acerca de las cosas.
No te daré nada, en realidad. Porque no podré regalar nada sin tenerlo.
Pero toda mi intención y mis ganas te acompañarán.
Y luego me iré. Me retiraré para colmar el vacío que ha ido aumentando al darte todo de mí. Será como una carrera de velocidad, en un parpadeo habré aparecido, y, en dos me habré ido. La única cuestión es que cuando me vaya se me olvidará recoger los recuerdos, los planes, las vendas que juntos nos pusimos.
Voy a pedirte que los quemes, escupas, arañes, desgarres o fusiles si así lo deseas. Pero que nunca hieras tus vasos sanguíneos con ellos.
El filo estará demasiado desgastado debido a las mil y una veces que he rasgado el cuello de las voces de mi mente con él.
Me materializaré y evaporaré en un instante.
Y estaré muerta.
Hasta que la química vuelva a sensibilizar mi organismo y resurja.
O hasta que metamorfosee y sea viento. El viento del vacío.
El viento que surca el abismo en el que los gritos de desesperación de incontables memorias mutiladas se amalgaman.
Luego están las excepciones. Excepciones que han ido estableciéndose, ya sea rápida o lentamente, presencial o esencialmente. Pudiendo hacer cosquillas a la tristeza del brillo de tus ojos cada día, o regalándote un abrazo en el que todo se concentra una vez al año. Que están, estarán, y cuando dejen de hacerlo, dejarán un dulce (y ácido) sabor.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Tan grande y tan escondida tras sus propias falsas manías.
Tras aquello que puedes amar u odiar, pero que nunca deja indiferente.
Refugiada tras la rabia y la tormenta, se mece en su culpa, en su soledad, en su miedo.
Físicamente idénticas, habiendo tomado caminos muy distintos.
Los mismos labios, el mismo huequecito que te invita a quedarte a vivir allí sobre estos, los mismos rasgos, la misma sonrisa desafiante y sincera, la misma nariz recta y respingona...
Y mirada tan dispar; la suya es de hierba escarchada, de mar, de musgos, de bosques y tempestades; la mía de madera. Pero, al mismo tiempo, ambas cuentan con el mismo brillo y la misma tristeza.
Ya ha anochecido, sólo se escucha el viento y los lejanos sonidos de las hormigas colocando sus hogares,
disponiéndose para descansar para iniciar un nuevo día, con sus cabezas enfrascadas en preocupaciones que nunca conoceré, riendo bromas que espero jamás compartir.
Nuestras respiraciones han creado una melodía, y el humo se va diseminando poco a poco en la calma, emprendiendo un viaje que no terminará.
Y somos incapaces de turbar el instante emitiendo algún tipo de palabra, porque, no las necesitamos.
Entendemos a la perfección el momento, el tormento, la necesidad de respirar y el misterio que empapa cada célula de la otra.
sábado, 15 de agosto de 2015
Ésta es una sensación muy familiar. Pero, al tiempo, extraña, puesto que aunque se ha dado en varias ocasiones en el último año, cada vez que la vivo mi mente se remonta a la primera vez que la experimentó, casi dos décadas atrás. Cuando me diste la vida, una visión distinta de ella, y te fuiste. Me dejaste sola.
Sin las manos de dedos tan gigantes que uno solo valía para que yo agarrase la mía entera (que, bueno, era diminuta), sin tu té, tu olor a incienso, sin tu presencia, apoyo, o mínima explicación acerca del porqué. De pronto no estabas. Entonces, como todas las tardes, me senté a esperarte en los tres escalones de delante de casa. Pero se iba haciendo tarde y tú no venías. Más tarde, más tarde. Yo no quería jugar a nada hasta que llegases, me cogieses en brazos, pudiese tocar tu rapado, recorrer con el dedo tu tatuaje (el primero que vi jamás) y me hicieses cosquillas. Pero seguías sin venir. Al final se hizo tan tarde que me tuve que ir a la cama. No entendía nada.
Y, día tras día, volvía a sentarme en esos escalones con la certeza de que ibas a llegar. Pero no lo hiciste. Fueron pasando los años y la sonrisa de mofletes manchados de chocolate creció, sin ti, y fue cansándose de estar ahí. De clavarse un puñal cada noche al confirmar que no, no ibas a aparecer. Y al final clavó el puñal a la esperanza, sin comprender aún absolutamente nada. Hasta ayer.
He pasado toda mi vida llorando algo que ni siquiera conocía, de lo que ni siquiera era consciente. Pero en silencio. Toda mi vida actuándolo sin vislumbrarlo.
Y aún me queda sangre que verter, en la que bañarme.
Hay un dolor tan intenso dentro de mí que mis lágrimas no son capaces de dejar de brotar al mismo ritmo que lo hace el sol, acompañándole, paso a paso. Como quizá aquella niña habría agradecido que hicieran con ella.
sábado, 1 de agosto de 2015
Como el azúcar que se resiste a disolverse y vaga hasta posarse en el fondo del vaso, como esa fugaz sonrisa que inunda tus ojos durante milésimas tratando de pasar desapercibida, como el mechero que te mira mal cuando turbas su descanso, entre pliegues de tela y chustas de las que cuentan mil historias, como la cama que abraza al equilibrista que se desploma sin dudarlo, tras pasarse todo el día tratando de sostenerse entre mareas y corrientes, como ese lunar gemelo que, por capricho y orgullo decidió establecerse en el mismo punto de nuestra mano, como esa tenue llama que ilumina el grácil movimiento de la mariposa que acude, curiosa, a posarse en el bolígrafo con el que yo trato de dar forma a mis vómitos mentales, como la aventurera y frenética gota de cerveza que baja pícara por tus labios y recorre todos aquellos milímetros de la piel que hasta la luna mataría por acariciar(...)
martes, 28 de julio de 2015
Algo está devorando mi integridad. Está rajándome cada milímetro de piel y arrancándolo después, con una mirada de satisfacción que pretende hacerme pequeña; está cortando el poco aire que consigue llegar a mis pulmones y a mi cerebro y quedándose a saborearlo.
Estoy impregnada en aroma a dolor.
Está haciendo que me desborde en forma de lágrimas, que éstas sean inagotables y vayan quemando todo mi ser, verso a verso. Siempre son los versos. Siempre es el verso.
Me refugiaré en los instantes vividos. Me refugiaré en lograr enviarte cuando antes esos dos lunares que gritan de ganas de verte.
Me refugiaré en esa fuerza inagotable que me recuerdas que está ahí.
jueves, 16 de julio de 2015
Sin dueñx,
Una gota escarlata se aventura por mi rostro, aproximándose al abismo de mi barbilla. No la detecto hasta ese punto a causa de la capa de suciedad y sangre seca en la que tanto mi cuerpo como mi mente se encuentran bañadas. Relaciono que haya brotado de nuevo con el hecho de que el sol esté haciendo lo propio en este mismo instante, dándose la prisa que mis pies no son capaces de alcanzar debido a las ingentes cantidades de tóxicos, de los que parten los barrotes de tu mente de un golpe, y de alcohol que llevo encima y que hace un par de horas aún me conferían la condición de efervescente. Desecho rápidamente la idea de tirarme en esa atractiva acera que se estableció en mi cerebro durante dos milésimas de segundo, porque me quedan apenas unos minutos para tener la posibilidad de morir gustosamente en la cama y me repugna el ser tan débil como para no poder ni arrastrar el cuerpo que ahora ancla mi energía a estas desgastadas zapatillas, portadoras de mil y una historias vividas y sobrevividas en la oscuridad.
Sientes un pinchazo de la intensidad de una puñalada semejante a las que regalaste y recibiste anoche y vomitas súbitamente tu espíritu envuelto en sangre, lo que impulsa aún más a tus pies, y los hechiza, brindándoles un halo de furor.
Una ráfaga de viento penetra en ti, baila por tus vasos sanguíneos y da rienda suelta a aquello que habita en ti desde que crees tener memoria propia (y sólo lo crees porque eres consciente de la inmensidad de cosas que te inducen a pensar) y lo hace volar, fluir, fundirse con el viento, no parar de gritar; explotar.
De pronto te das cuenta de que, en contraste con la casi vacuidad del interior de tus bolsillos (a excepción de las llaves, mechero, mariposa y un inservible móvil del que sale una voz que entona algo así como 'no hay prisa cuando sale el sol'), su exterior está repleto de yeso; otra de las cosas que ni entiendes ni te intrigan lo suficiente como para detener tu cauce.
Alzas la mirada y te deleitas con la majestuosidad del desplegar las alas del ave que se dispone a surcar el cielo, a viajar sin límite ni rumbo ninguno. Otro pinchazo, más sangre, y un hueco que en teoría albergó veintiún gramos en alguna ocasión.
Vas enredando poco a poco las hebras de tu pensamiento hasta que te das de bruces con la puerta de lo que mal llamas tu 'hogar'. Llaves, puerta, camino, llaves, puerta, intento de silencio y las infinitas escaleras. Subes, escalas, reptas y tras inefables esfuerzos llegas a la cumbre, al ático, a tu refugio. Descorres la cortina y tu mente se queda muda frente a la vista de aquello que llevabas tanto tiempo esperando; TU CAMA. No te da tiempo a ir hacia ella, a verte abrazado por su familiaridad tras otra noche absolutamente destructiva más que añadir a la inmensa lista de ellas, porque, algo suena dentro de ti, algo se prende.
La dulce agonía llega a su fin.
Neckkface
domingo, 5 de julio de 2015
Equilicuá
No sé si estos meses te habrás acordado de mí.
No sé si habrás leído mis vómitos mentales y captado mis tormentos.
Sólo sé que no has roto tu silencio.
No sé si me habrás percibido calada en medio de todas las tormentas.
No sé si eres consciente de que aunque te hayas ido, no lo has hecho para mí.
No sé por qué lo hiciste, ni cómo has logrado esto último a pesar de todo.
Tengo tu cara en la pared, tu voz en la piel, tu guante colgado, tu ropa en el armario, tu tacto en la boca, tus palabras en las entrañas, tus actos en la sangre que va derramándose, poco a poco, y, el brillo de tus ojos en la sonrisa.
No estoy pidiendo que vuelvas, ni mucho menos, o, desde luego, no como estuviste.
Además si lo haces yo ya no estaré.
Sólo estoy declarando que aunque no quiera más, me supo a poco, y pidiéndote que no te hagas eso a ti mismo.
Que dejes de huir. Que no permitas que las arrugas que enmarcan la luz de tu mirada se agarroten, no permitas que tu voz se seque, y, que comiences a arriesgarte tanto con respecto a tus sentimientos como lo haces con tu cuerpo día a día, conoce otro tipo de adrenalina.
Nunca me arrepentí de tirarme al vacío contigo, porque me rompí todos los huesos, pero el viaje hacia el abismo me dio las alas que no aprendí a desplegar a tiempo.
Nunca nadie dolió tanto como tú, ni me hizo fluir de tal manera.
Sólo espero que si algún día volvemos a encontrarnos, aunque en cierta medida tu diamante esté rayado, tu esencia no se haya evaporado y sigas deleitando al mundo con ella, con tu buena mala vida, con tu fuerza.
Nuestros brazos están unidos, están marcados.
Acero eres, acero me hiciste.
Viento soy, viento te hice.
viernes, 3 de julio de 2015
Llevas mucho tiempo rozando los límites ajenos y haciéndolos bailar con la falta de los tuyos. Los límites empiezan a estar agotados, pero tu ausencia no para nunca, no se cansa, no se calla, y no se muere. Tu parte se ha tomado la libertad de dejar los límites que tenía al frente a un lado, y de llegar un poco más allá. Y más. Y más. Hasta que los portadores de esos límites, o, por ende, sus esclavos, han decidido sacar el machete y dejarte en trozos tan pequeños que sea imposible reconstruirte.
Una mañana te despiertas y todo coincide.
De pronto te das cuenta de lo que lleva años ocultándose a simple vista, frente a tus ojos.
De lo que ha ayudado increíblemente a que estos brillen.
De que lo que te salvó en su día sigue salvándote, en cada momento desde el primero.
Todo ha cambiado, pero no eso; la confianza mutua sigue siendo tu pilar.
Te salvó la vida, una vez tras otra, de forma literal; te recuerda las ganas que llevas dentro día tras día, y te permite hacer fluir las suyas.
En cada detalle, en cada instante, en cada brizna,
Jodiere, qué mal duermo cuando no me arrancas antes los pantalones, cuando no está nuestra ropa tapizando el suelo, cuando no me metes mis bragas en la boca para evitar que despierte a todo el mundo, cuando tu respiración de ir a dormirte no está ahí para relajarme, cuando no somos lapas eventuales que se juntan y separan inconscientemente mil veces a lo largo de la noche, cuando me despierto y no te siento ahí, todavía dormido, con esa nariz con tanta cara de maja y esas pestañas kilométricas en las que me tumbaría a tomar el sol, compartir una birra y escribirte una canción.
Cuando permito que mis ojeras griten las ganas que tengo de verte,
domingo, 21 de junio de 2015
A veces estoy tan perdida que miro a mi alrededor, ávida de toparme con algo a lo que agarrarme, cualquier cosa. Algo a lo que entregar toda mi devoción, a lo que dedicar toda mi persona sin reserva ninguna.
Sin criterio, sin la mente de por medio.
Encuentro ese algo y contemplo la posibilidad durante dos milésimas, hasta que me entran ganas de apuñalar mi propio cerebro, porque, a pesar de todo, sé que tengo principios. Y estos me guían, estos siempre están ahí, aunque duelan.
Estos no me permitirían transferir mi vida a algo contra lo que lucho, a la ceguera.
A la minoría de edad culpable, a la tortura, a la supuesta justicia, al prejuicio reinante, a la muerte dominante.
miércoles, 10 de junio de 2015
No puedo respirar.
No soy capaz.
Ni tengo tiempo para ello.
Un grito asoma a las puertas de mi garganta, y lágrimas de rabia a las de mi abismo.
Pero inconscientemente no me lo permito, el agua se evapora, y sólo queda el fuego que va reduciéndome a cenizas.
Mi sombra, a punto de ahogarse, araña desesperada mis entrañas, y mi vacío, certero, me ensarta sin darme un sólo segundo de descanso.
El ruido va creciendo en mi cerebro, llantos, lamentos, y mucho dolor, en forma de voces que un día fueron desconocidas. Ahora ya no, ahora son mi día, mi noche, mi vida y mi muerte.
Ahora son el café ajetrado de por la mañana, son los siete autobuses que cojo al día, son ese señor que te mira con deseo y trata de tocarte en el metro al que escupes en la cara, son las prisas, las miradas de decepción constante a las que te has acostumbrado, son las mentiras, las apariencias, la hipocresía, la supremacía, son la bola del piercing que no deja de caerse, son los libros ardiendo, la esclavitud en plena época de 'evolución', la explotación, son los psiquiatras que se creen con derecho a decidir quién es un enfermo y quién no, a quién empastillarán hasta la inconsciencia (y falta forzosa de conciencia) y a quién darán un respiro, son toda esa madera a la que hemos de hacer arder.
No sé qué son, pero son.
Y eso me parece motivo suficiente como para luchar para que no sean.
lunes, 1 de junio de 2015
Idiota
Cómo decir esto, cómo pretender meter una vida y media en unas palabras, en un pequeño párrafo que pretendo que refleje todo lo que has significado, significas y significarás.
Ya lo sabes, aprendimos juntas a cruzar la calle, a vomitar nuestra vida en un papel, a combinar las zapatillas y la camiseta. Crecimos juntas en el fondo de la clase de Marisa al lado del pequeño museo que allí tenía montado, en el momento en el que nuestra mayor preocupación era el trabajo de animales que tendríamos que exponer en un par de semanas.
Hicimos carreras de patinete y bicicletas, encontramos muchos lugares a los que bautizamos como el 'nuestro', te acompañé al conservatorio una y otra y otra vez.
Instituto, '¿y qué nos ponemos el primer día?', y 'uy mira a ese', y 'uy qué vergüenza'.
Y volver a ser dos tras mil y una mierdas, como siempre. Estar ahí.
Voy a hacer un inciso y voy a dejar plasmado el día que, para variar, no olvidaré en el que estábamos en el skate por la noche, con un litro y un monster, y me miraste a los ojos y me dijiste que lo sentías. Que habías permitido que nos separásemos, aún no estándolo en realidad. Aún llevando sin separarnos desde hace una eternidad. Aún cuando sigo, hoy en día, declarando orgullosa que eres mi mejor amiga. Orgullosa porque mereces que lo estén de ti. Cómo no estarlo. Tras ver, escuchar, sufrir, vivir, sentir y disfrutar todo lo que has logrado y lograrás. Que, joder, ya son 18 años desde que tu madre y la mía se cruzaron hipotéticamente a la puerta del hospital sin imaginar siquiera lo que se avecinaba, lo que crearíamos.
No puedes ni imaginar de qué manera me inundaron las lágrimas cuando en tu felicitación leí aquello que llevaba toda esta vida negándome, el ' Y, en fin, en un día como hoy, alegre, sólo puedo pensar cuánto me gustaría estar a tu lado, cuánto desearía agarrarme a ti y no soltarte nunca, nunca más. Pero... Finalmente ha pasado, finalmente tú has hecho tu vida, y yo la mía, cada una de ellas al margen de la de la otra; pero no me importa, ¿sabes por qué? Porque todo mal se me pasa cada vez que recuerdo que, si los planes no me fallan, si la vida no me putea (de más) seguirás siendo la persona que mejor me conoce, la única capaz de distinguir mis estados anímicos por un simple gesto.'
Porque tienes toda la razón. Absoluta. Y eso no significa que duela menos. Porque, bueno, sabes que vamos a seguir aquí, como cada día. Estemos lo lejos que estemos. Porque nuestros cerebros siguen comunicándose sin necesidad de nada más. Porque ya me he liao y ni siquiera sé qué te he dicho y qué no.
Pero lo que tú sí que sabes es que lo daría todo, TODO, un todo indescriptible, por ti. Y así será. Por Robots, por nuestra lámpara de lava. Por darnos la mano, abrazarnos, por saber llorar sin temor ninguno en cada momento. Ya sea por dolor o por no aguantar más la risa.
Y, qué decirte. Que te quiero. Que siempre te querré. Que siempre serás tú, aquella idiota, (cuya canción se llama precisamente así) que me dio esperanza en la vida sin necesitarla. Que me dio sus brazos, el brillo de sus ojos, y un vaso de leche mientras ella se toma un típico nesquik. Un odiado (o amado) nesquik.
lunes, 6 de abril de 2015
Es increíble.
No es una de esas personas que suponen un somnífero para tu cerebro, que te anestesian, que dificultan tu pensamiento.
Por el contrario, promueven tu libertad mental, física, emocional.
Aunque haya momentos en los que sea increíblemente difícil sacar al cerebro de esos ojos. Esos ojos en los que te perderías, esas manos con las que contarías, y cuentas, hasta el fin, esos hoyuelos que abarcan una cantidad tal de sentimientos que al salir inundan, quitan toda la basura de en medio, y te hacen encontrar las ganas, otra vez.
Realmente, es indescriptible, inefable, irrechazable.
Porque me invades, me evades.
Me quitas la coraza sin darte cuenta y permites a mis terminaciones nerviosas cobrar vida.
Conviertes mi cara en una sonrisa que no emigra, que no quiere alejarse de la tuya.
Y, no sé cómo decirte, que me miras a los ojos y lo entiendes,
viernes, 3 de abril de 2015
Algo va creciendo en ti, deben de ser las ganas. Irradias energía, mientras te conviertes en vendaval.
Un par de sudaderas, la chaqueta, la braga, el chaleco, y... ¡oh! ¡casi olvidas la petaca!
Ahora sí, sales por fin a la calle, y, como cada noche, te detienes a observar la luna; te hipnotiza.
Sientes que se mete dentro de ti y te susurra que tengas cuidado.
Tras su advertencia, tu mente comienza a saborear la cerveza que ocupará tu paladar dentro de diez minutos, así que, echas a correr, mientras te repites a ti misma que 'esta noche todo arderá'.
jueves, 2 de abril de 2015
Rechazo la esperanza, a cualquier hora, en cualquier momento, situación o posición.
O eso creía.
Porque, tras todo ello, mientras sigo encadenada a unos tubos, observo cómo, de forma aleatoria, el aire da forma a pequeños hilos de esperanza que, sin dudarlo dos veces, tratan de introducirse en ti de la manera que haga falta.
Tratan de perforar tus tímpanos, tratan de colonizar tus fosas nasales, de violar tu boca, de darte por culo, de hacerte gemir mientras te rajan en la sombra, de aprovechar cada herida para llegar a tu interior, viajar hasta el punto álgido, tu cerebro, y anidar allí.
Para infectar cada hebra de ti y corroer poco a poco tus fuerzas.
Para dejarte ciego y conseguir que te agarres voluntariamente a ella.
Para que lo hagas como si fuese a ejercer el papel de báculo, cuando en realidad, mientras dormías, ella se ha encargado de partirte las piernas.
Para ofrecerte una sonrisa mientras vomita ácido sobre tus órganos vitales.
Y, con órganos vitales me refiero a tu energía, a tus ganas.
Y, bueno, si tu cuerpo no está en condiciones de romper de un salto las cadenas, ve limándolas mientras te yergues, ¿no?
Por mucho que duela, que desespere, por mucho que te observes anclado a un instante (y a una cama) mientras las personas a tu alrededor avanzan y RESPIRAN.
Porque si te rindes no queda nada más. Ni siquiera quedas tú mismo.
Así que, EH, buenos días.
domingo, 15 de marzo de 2015
Ésta es la historia de la más absoluta soledad; ésa que asusta incluso a los veteranos, a los curtidos en el abandono; ésa que provoca guerras y ha hundido civilizaciones; ésa que provoca la pesadilla humana cada noche; ésa de la que pocos se atreven a hablar, ésa que amenaza tras toda apariencia.
Es la historia del mundo, de cómo el miedo a un sentimiento lo ha controlado todo desde su creación hasta este mismo segundo; de cómo ha causado vidas, ha causado muertes; de cómo se convirtió en mujer de largas piernas y desgastadas manos, (...)
(Continuará, algún día)
Nface
El día en el que despierte sin la sensación de haberla cagado muchísimo la noche anterior.
El día en el que despierte sin una lengua diminuta chupándome la cara.
El día en el que deje de escribir palabras en el aire, en el que deje de sonreír 24/7, el día en el que deje de buscar siete sinónimos distintos de cada palabra que pronuncio.
El día en el que despierte sin la mente convertida en un paraje abarrotado de ideas y niebla, el día que no disfrute viendo cómo ésta se disipa.
El día en el que deje a un lado mis principios, en el que deje de hacerlos evolucionar.
El día en el que sea una persona.
El día en el que deje de hacer miles de listas, en el que no disfrute haciendo estudios de conducta de todo tipo, el día en el que el desorden reinante a mi alrededor quede extinguido.
El día en el que no me derrumbe, en el que mis propias lágrimas no se encarguen de despellejar mi supuesta fuerza.
El día en el que no vuelva a alzarme, otra vez más, para gritar en el silencio de la sumisión.
El día en el que mis contradicciones no me lleven a dar a la mano a mis adicciones.
El día en el que la rabia no haga arder cada una de mis células.
El día en el que la frase 'estoy cansada, no vencida' pierda el sentido porque sí lo esté.
El día en el que no quepa ninguna duda en mi cabeza.
El día en el que me conforme, en el que me calle, en el que me siente, en el que deje que las suelas que se ciernen sobre mi cabeza me arrebaten el aire y las ganas.
El día en el que deje de ansiar aprender, formarme, conocer, descubrir, arder, compartir, experimentar, resistir...
El día en el que no fluya, el día en el que huya.
El día en el que me mire a los ojos y lo entienda.
Ese día seré libre. Y no lo seré. Porque no seré. Ni siquiera un recuerdo.
No cambiamos. Tan sólo escondemos ciertos fragmentos y ponemos otros bajo la luz.
sábado, 7 de marzo de 2015
Sólo escuchaba su respiración.
La aparente calma de la estancia, acompasada con el pecho cuyo movimiento no podía dejar de observar, sólo se veía turbada por los gritos, esta vez propios, que su cerebro emitía.
Porque, y qué si tenía que comprobar la cerradura de su espalda cada mañana para cerciorarse de que seguía habitando el mismo cuerpo. Uno no podía fiarse de nada, así que, también exploraba cada una de sus cicatrices, como una visita guiada, recorriendo la historia de su corta pero bulliciosa vida, contada por sus marcas. Para cuando a ella le faltaran las palabras. Y, justo después, se marchaba a aquella que siempre pasaba inadvertida, SU cicatriz, permitiendo a sus dedos disfrutar bailando un par de tangos sobre ella.
Se había convertido en un ritual.
Le gustaba comprobar si seguía habitando el mismo cuerpo para tener algo a lo que aferrarse.
Su mente estaba ardiendo, fluyendo, destruyendo; el único parecido que tenía con un ancla era su capacidad de hundirte, hasta lo más hondo, hasta aquel remoto lugar de ti cuya existencia ni conocías.
Pero eso no significaba que estuviese loca, jodiere. Es decir, lo estaba, pero, y qué. Todos lo estábamos. La única cuestión es que a algunos la sociedad les había colgado un cartel en el que lo ponía y a otros no.
No creía que nadie tuviese derecho a juzgar quién sí y quién no.
En realidad desde pequeña había pasado mucho tiempo con gente de esa con cartel, y, eran admirables. No por el hecho del cartel; éste no les confería ningún tipo de capacidad o habilidad, pero, en ciertas ocasiones, se encargaba de ponerlas en relieve.
Además, les resultaba indiferente el hecho de llevar cartel o no llevarlo; no se escondían, bajo ningún concepto.
El tango de sus dedos cesó. Se irguió, y volvió a la cama. Aproximó sus pies, siempre helados, a aquellos que habitaban bajo la manta. Posó la cabeza sobre su pecho, se rindió a la melodía de sus latidos.
Su propio cuerpo le permitía aferrarse a sí misma. El cuerpo al que unía el suyo ahora le permitía aferrarse al mundo, condensando la existencia en un instante.
lunes, 9 de febrero de 2015
Work in progress
La cuestión es que mi mente es una contradicción constante.
La eterna lucha entre mis deseos aparentes, los deseos profundos de los que sólo percibo briznas, los deseos ajenos y la creación de lo que yo opino deseos ajenos,
condimentados con una figura de metro ochenta rebosante de distorsiones disfrazadas de inseguridad y de excusas, sólo orientadas a sí misma, repleta de ideas y energía escondidas bajo la apariencia de inconsciencia.
Con ganas de quitar la venda autoimpuesta mientras le hace doble nudo de forma maquinal.
Ganas de nitidez desgarradora, inspiradora, (...)
Voy desollándome, desenterrando niveles de mi mente y conducta al tiempo que disfruto de los gritos que emite cada milímetro de mi persona.
Voy en busca de mí.
domingo, 8 de febrero de 2015
La jodida monotonía de mi propia autodestrucción me consume. Te lees y no te sientes. No eres capaz de saborear tu sangre. Y dejas de plasmarte. Pero necesitas hacerlo, necesitas esas punzadas que se cuelan en tus ojos y gritan desde allí. Necesitas respirar tu dolor. Pero no si éste ha perdido su esencia. O tú al pasarlo al papel.
El aire que respiras va a seguir siendo el mismo, así que has de dar la vuelta a tus pulmones o inundarlos un poco de ti.
Necesitas volver a nacer. Y, para eso, morir, arder. Pero lo que te lleva a ello eres tú, es la forma que adoptan tus ideas cuando creas. Y, no puedes crear. Un jodido bucle infinito.
Y en medio del bucle desentierras seis o siete esqueletos cuya existencia ni conocías, y, pam
sábado, 24 de enero de 2015
Zero
Las heridas para las que estaba preparando aguja e hilo están gritando otra vez para recordarme su presencia. Por si acaso decido ignorarlas, por difícil que sea, han decidido volver a sangrar, a supurar (y no supurar cerveza, precisamente). Volvemos a empezar. Volvemos a volcarnos en vacíos, a revolcarnos en miedos y a revolvernos entre las hebras de mi propia esencia que me provocan náuseas. A enloquecer con la luna, a añorar el sol y la sensación de respirar bajo él. A utilizar el humo que aspiro como excusa para sumergirme en el canto de los pájaros, cuando, aún siendo así, no consigo que mi cabeza enmudezca. A llevarte encima por medio de la ropa porque es la única manera en la que puedo sentirte aquí. A pesar de que nuestras palabras aseguraron lo contrario.
Volvemos al ZERO.
jueves, 15 de enero de 2015
Transformándome en escalofrío, me yergo, entre las sombras, para emprender el camino.
Recojo el mechero, aparto la litrona, y, de manera automática me prohíbo mirar atrás.
La noche, el frío y la aparente calma inspiran mis palabras, mis ideas, mis pensamientos.
Destrozan mi garganta, pero hacen que, por un momento, todo parezca circular en pleno estancamiento.
Estoy sumida en un bucle que todavía no sé cómo romper. 'Si pudiera ser consciente brevemente del tamaño de mi potencial, reiría sin parar por la insignificancia del mayor de mis problemas', sí.
Pero, ¿y si el principal obstáculo que se me presenta es mi propio cerebro?
Mi propio punto de vista, ése que me postra ante el precipicio, una y otra vez, sin dejarme marchar, sin hacerme caer, mientras pretende que bese sus pies. Pies a los que me permito el lujo de escupir, sin miramiento ninguno.
'Demasiada información en mi cabeza, la tengo hecha trizas pero sigo de una pieza.'
miércoles, 14 de enero de 2015
Con unos ojos tristes expertos en entonar melodías tejidas con mis vacío, con un orgullo casi más grande que mis ganas, con unos labios que han dejado de temer y ya no se contienen, con unos gestos que gritan sin cesar, con unos monstruos que no se dejan mitigar, con una mente llena de cicatrices, y una piel repleta de quemaduras, con una enorme cantidad de noches en vela (pero sin ellas) y de días en los que maldigo al sol por recordarme que sigo aquí a mi espaldas, con unos hombros cargados de esqueletos, con suelas que pretenden aplastarme, que pretenden inmovilizarme, cerniéndose sobre mí, con infinidad de palabras que aún no han encontrado la vía de salida, con unos pulgares listos para desconcertarte, con una sonrisa inmensa herida por tabaco, con una sangre saturada de química, con una vida surcada por la distorsión, y unas pestañas deseosas de deslizarse sobre ti, con unos principios inquebrantables, un interior fracturado, con una representación del desorden reinante en mi cabeza convertida en existencia, con una predilección por andar entre maleza, de sumergirme en la selva en la que ni puedes ni necesitas seguir una ruta, con una fuerza erigida entre las cenizas, con manías por doquier y briznas que se desprenden de mí para fluir, para fundirse con el viento, con una voz de entrenadora pokemon (o eso dicen) que ni sabe ni quiere controlar su intensidad, con una energía inagotable, que, aunque a menudo no encuentra su camino, cuando lo hace no deja indiferente.
Con todo esto y mucho más, puedo decirte que me encantaría tenerte a medio centímetro en este momento. Tener la oportunidad de escupirte, de mirarte, de sentirte.
martes, 6 de enero de 2015
-Se preguntaba a menudo qué significaba ser libre. ¿Significaría que, aunque uno escape de una jaula, se encontrará inevitablemente en otra diferente y mayor?
-A lo mejor ser libre es el momento de escapar.
-A lo mejor serlo es saber que puedes serlo, es luchar por ello (o no tener que hacerlo), a cada paso, en cada pausa. A lo mejor ser libre es esa brisa nocturna que te invade, que hace florecer cada detalle, que deshoja tus presupuestas limitaciones. A lo mejor ser libre es sumergirte en el bullicio, escuchar la voz del silencio. Tener en cuenta las de tu cabeza, pero no rendirte a ellas. A lo mejor ser libre es saber apreciar el pequeño aletear de una mariposa cuando alza el vuelo tras posarse en tu bolígrafo. O no saber hacerlo, o no saber. O saber que no sabes. A lo mejor es despertar en medio de ninguna parte y emprender la marcha. O quedarte a disfrutar de los vivos recuerdos, de los muertos colores que allí yacen, o de la idea de un imprevisible movimiento que tendrá lugar. Siendo consciente de que esa nada en la que te encuentras es a la vez un todo. El todo. A lo mejor ser libre y no serlo se concentran en el mero hecho de respirar. O a lo mejor, ser libre es no ser. Pero muchas gracias por tus palabras, de verdad.
sábado, 3 de enero de 2015
Saca el tú que no eres capaz de ver, prende tu mecha y transmite tu energía.
Haz que deje de ser tuya, se funda con la brisa, y pase a inundar los pulmones de la tierra, a impregnar las células de cada ser que habita en ella, no dejando nunca de enroscarte en cada mirada que ha sido modelada por las intensas olas del mar del sentimiento.
Y, sentir cómo cada una de tus lágrimas, saturadas de rabia, hechas de fuego, va fundiendo la escarcha que te recubre.
Cómo el eco de los gritos de tus ojos han partido en mil y un pedazos la coraza que creías irrompible.
Cómo, de pronto, toda la sangre que regaba tus órganos vitales acelera su ritmo hasta tal punto que no eres capaz de respirar.
Cómo, entre ganas, prisas y su aliento, tus medias terminan desgarradas en el suelo. Y tu garganta en su oído.
Bañándome en el brillo que tus pupilas emiten en la oscuridad, mi silencio ha dejado de pasar desapercibido entre todo este ruido.
Golpe a golpe, trazo a trazo, me desvisto ante ti.
Vuestras máscaras de engaños se hacen trizas frente a mi mirada.
Imprevisibilidad, aparente desconexión, falta de cohesión.
Sólo hay que saber mirar más allá, ver los movimientos en la aparente calma.
Enfrentarte a los ojos del silencio, y hacerte uno con ellos.
Sentir cómo el vacío se desliza por tu piel, por tus palabras.
Cómo la mecha se prende, cómo tus fuerzas crecen, evolucionan, y se levantan, una vez más.
Sumérgete en tu falta de orden, respírate, pálpate.
Bucea en las corrientes que fluyen en tu mente, embriágate, desgárrate.
Escucha los gritos que tus ojos ya no callan, encuentrate, envenénate.
La cuestión está en resistir, pero no tener que resistirse.
Destruye horizontes, quema esperanzas, rompe aparentes verdades... Y no te prives de escupir en unas cuantas caras.